lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Por qué corremos?


Bien, es algo que generalmente se pregunta la gente que está a nuestro alrededor, familia, amigos, vecinos o esos que nos ven correr bajo el aguacero tan panchos. Difícil respuesta, se podría decir que nos gusta, simplemente.

Sin embargo el otro día encontré una posible respuesta. Y no es una respuesta que se pueda explayar en cuatro líneas, no tanto por la dificultad de hacerlo, sino porque fue más una sensación, un sentimiento que me arrastraba.

Bien, me explico. El pasado jueves ayudé en la mudanza y acondicionamiento de la nueva casa de uno de mis tíos que se muda a San Nicolás del puerto, en plena Sierra Norte, un paraíso. Nada más llegar a la cancela de su casa y comenzar a descargar bártulos veo que su calle se convierte en una angosta carretera, vieja, llena de baches que se adentraba en la rivera, paralela a la “famosa” playa de San Nicolás.

Minutos después le pregunto a mi tío que a dónde va esa carretera. –No lo sé, - me responde-, pregúntale a Tomás que conoce algo el pueblo. Lo dejo pasar, sigo con mis cosas, colocando una cosa allí, otra aquí.

Nos ponemos a poner una red en la cancela exterior para evitar que entre en el patio la basurilla empujada por el viento. Y yo no hacía más que mirar para el carril y aprovechando que estaba haciendo esta tarea con Tomás, un amigo de mi tío, le pregunto. Tampoco lo sabía, vaya chasco.



Parón para almorzar y tras terminar, ya que no tomo café, salgo a la rivera y me digo voy a estirar las piernas. Casi una hora me tiré “perdido”,  primero por la carretera que llevaba hasta la Ermita de San Diego, que no pude ver ya que había una reja que impedía el paso y rezaba “Propiedad de San Diego”. No sabía yo que los santos tenían propiedades terrenales, ¿pagará IBI?. Al llegar hasta allí y dado que aún tenía ganas fui por diversos senderos, ya de tierra. Ni que decir tiene que no me encontré a nadie, paz absoluta.

Huelga comentar que durante esta excursión tenía unas ganas de correr inmensas pero además de estar en mi día de descanso atlético, sí los corredores también solemos ser disciplinados llegando a ser cuadriculados, no llevaba ropa de recambio para cambiarme a posteriori, si no…Bueno, vale, hice un leve trotecillo cuesta abajo, pero es que se me iban los pies, la inclinación, el aire en la espalda, ¿estarían preocupados por mí?...

No sé si habré aclarado algo, o por el contrario se habrá producido el efecto contrario, es decir una mayor incompresión.

viernes, 28 de junio de 2013

Crónicas sprint. Febrero-Junio 2013.


Como habréis percibido, o quizás no, llevo muchos meses sin actualizar blog. La razón principal, aderezada con algo de pereza, ha sido simple y llanamente el no tener Internet en la nueva casa. He estado casi sin 3 meses sin él, por diversos motivos, pero bueno eso ya es historia.



Desde la Maratón de Sevilla no escribo nada y han pasado muchas cosas (carreras), así que voy a tratar de resumirlas todas, muy brevemente, en este capítulo. Lo haré de manera cronológica.



V Cross Esquivel

Descendiendo a 3K de meta.

Chasco grande me llevé aquí. Tras la maratón me había costado relativamente poco coger la velocidad perdida con la preparación de los 42.195m. La de Esquivel es “la carrera de casa”, y más ahora que soy ya Alcalareño (del río). Sin embargo la cosa no fue bien.



Falta de tono muscular sería la frase técnica. Ya en el primer kilómetro me doy cuenta que las piernas no van sueltas. Además hacía algo de viento, como el año pasado. Mi objetivo era bajar marca, cosa que a priori pensaba que iba  a ser fácil. Pero las circunstancias no fueron buenas. La razón pudo venir del lunes previo, donde hice un entreno muy bueno y muy duro que me dejó tocado. No pude recuperar, pese a que el resto de la semana fue muy ligera. Creo que me penalizó.



Además pretendía que Samuel debutase en esta carrera. Tuve que volver a por él a Alcalá tras mi carrera y cuando llegamos a Esquivel ya se había disputado su prueba. Afortunadamente disfrutamos de una buen jornada en los columpios y jugando con otros pequeñajos.



Por último reseñar que me llevé un pequeño chasco/enfado/desilusión con la organización por un tema “local”. Pero eso me lo quedo para mí.





Carrera Popular Nervión-San Pablo
A tope antes de entrar en las pistas de San Pablo



Llegaba muy bien a esta prueba. La semana previa había transcurrido bien e iba a más tras la maratón. Sin embargo mi chica tuvo que trabajar el domingo por la mañana de improviso, así que tuve que llevar bien temprano a Samuel con mis padres, que viven muy cerca de las pistas de San Pablo, antes de la carrera. Problema de los papis primerizos, vas ajustadísimo de tiempo. Tanto es así, que a 9 minutos del inicio de la prueba aún estoy en casa de mis padres, ni me puse las medias de compresión, más que calentar me lleve un calentón y encima salí muy atrás.



Todo ello dilapidó mis posibilidades. El ritmo al inicio no fue malo pero corrí mucho haciendo zigzag y cambiando de ritmo. Hasta el K2 no pude rodar limpiamente. Pasaba y pasaba atletas hasta que dejas de hacerlo y ves al fondo un buen grupo, en ese grupo es en el que deberías y te gustaría ir, de haber salido bien.



Estuve 3K solo, luchando contra el viento lateral. Pasamos el Puente de Carretera Carmona y es la hora de echar el resto. Me pasan dos atletas que van como “picaos”, me uno a ellos y marco un sorprendente 2.000 final en 3:39 y 3:27, lo que atestigua que estaba bien y que había perdido una gran oportunidad.





Carrera Popular Distrito Triana

Meta, sin cambio ni reacción.

Llego a esta carrera en un estado de forma espectacular. Los entrenos previos han sido muy, muy bueno y salgo con un optimismo quizás excesivo. En los primeros metros me acoplo a dos atletas con los marco incluso dos kilómetros a 3:37, decido dejarlos ir, van demasiado rápido.



Busco mi paso y en el K7 voy a 3:41 de media, brutal me digo. Soy sincero, iba sufriendo pero con la intención de darlo todo en el los dos últimos kilómetros. Pero no pudo ser así. Bajé un escalón el ritmo y me quedé sin reacción. Afortunadamente no me hundí, pero desapareció la chispa y con ella la marca. Tiempo final 37:35. Mi objetivo era bajar de 37:30, en estas pruebas de distrito del IMD.



Sin duda esta fue la oportunidad perdida, me pasé un pelo al inicio y lo pagué al final.





Carrera Popular Distrito Sur

Perdido en "La Palmera".

Sólo dos semanas entre las carreras y veo que en los entrenos cumplo pero ya con más problemas. El cuerpo me manda señales de que no me va a dar más, así que a aprovechar lo que hay. Además una semana antes me aparece una molestia entre el empeine y el inicio de la pantorrilla que complica las cosas. Añadir que esta carrera ya presenta algo de calor y un ligero viento.



Tengo la fortuna de encontrar a dos compañeros de viaje excepcionales. Dos atletas del Club La Antorcha que iban a su rollo y yo cual lapa detrás, ni se quejaron, ni me pidieron relevo (lo habría dado). Fueron muy generosos. Íbamos a 3’43” casi clavados (según Garmin) y pienso en llegar con ellos hasta meta. Pero de nuevo me llegó un bajón, esta vez muy serio, antes del K8. Además de físicamente, creo que también mentalmente me vine algo abajo. Se me va el ritmo.



Antes del último kilómetro me llega por detrás un atleta joven, ya me había pasado mucha gente, y en vez de seguir para delante se me pone a hablar. La verdad es que me molesta un poco, yo iba encabronado, mosqueado. Llega el último mil, y para ver si me deja en paz y por amor propio cambio el ritmo. Sorprendentemente vuelvo al ritmo de 3:44, ¡vaya!,  y termino fuerte, aunque lejos del objetivo global. Cabreo doble.





Carrera Villa de Arriate

Calentando, o más bien probando el tobillo


Suelo hacer caso al cuerpo, y ya busco una prueba para dar por finalizada la temporada con una sonrisa. Últimamente termino en Carmona, pero esta vez otros compromisos no me permitían asistir. Así que hago un sondeo algo irracional del calendario y me apunto en una carrera “trail” de 23K en Arriate (Málaga) junto a Ronda.



Digo lo de irracional porque si llevas meses trabajando 10miles, llanos, con mucha velocidad, pues meterte en un prueba de 23K y con cuestas no es lo mejor. Además trail, con pedruscos, cuestas con desniveles muy importantes... no es lo mejor para mi maltrecho tobillo que seguía quejándose y mucho. Pero me apetecía y allá que nos fuimos, con la inestimable complicidad de José Luís Olivares, que me hizo las veces de anfitrión.

Antes de la salida, ¿parecemos trail-runners y todo? ;-)



Me lo tomo en plan totalmente recreativo, aunque me conozco, y por si las moscas salgo a cola del pelotón haciendo los primeros metros caminando, dada la estrechez de las calles, y de charleta con José Luís. Ya a los 500m, cuando se podía correr, nos despedimos hasta meta.



Apenas calenté, simplemente troté un poco para hacerme a la idea de cuánto me podía hacer sufrir el tobillo hoy. En llano, no iba la cosa mal, y subiendo tan poco. Pero bajando…buff, horrible a la par que frustrante, ya que era donde te querías lanzar para correr rápido y extender la zancada para descongestionar musculatura de las subidas,  ...me dolía y mucho, es más, me dolían otras partes de la pierna, supongo que de pisar mal para evitar el dolor del tobillo.



Me pasé tres cuartos de la carrera adelantando a gente. Hasta el K17, que era donde la carrera se ponía seria y bonita. Yo llevaba unas zapatillas trail, pero hasta ese punto creo que eran un estorbo más que una ayuda. Aunque la carrera discurría por el campo, con cuestas (algunas que subí caminando) y preciosos paisajes, el terreno era mayoritariamente asfalto o cemento. Sin embargo en este punto la cosa cambiaría radicalmente. 

Primero había una cuesta abajo con piedras grandes donde bajar fue un suplicio extremo para mi tobillo. Decidí descender caminando, me dolía mucho. Pero pronto desaparecería la molestia dado lo que estaba por venir. Nos metemos paralelos a un arroyo, que cruzaremos dos veces, y por fin aquello se convertía en algo divertido. Una senda estrechísima, sólo cabe un atleta, rodeado de muchísima vegetación, bosque en galería, helechos y con el sonido del arroyo siempre de fondo, espectacular. Disfruté muchísimo de este tramo, de unos 5 kilómetros, lo mejor sin duda.

Saliendo del tramo bonito y volviendo a Arriate.

Terminé contento, con una generosa y tranquila ducha, un apetecible almuerzo en compañía del anfitrión y además un masaje de descarga. ¿¡Qué más se puede pedir para finalizar una temporada!? ¡Ah sí! Una mochila para que “la parte contratante” no se “mosqué”.

Mochilas en negro hombretón y en lila guapetón.



PD: Gracias por las fotos a Sandra Sánchez, Pepito "Jartible" y  Ana M. Morales

lunes, 25 de febrero de 2013

29º Maratón de Sevilla. Vuelvo a sentirme maratoniano.



Meta, ¿qué llevo en la mano?


Con el título me quedo, de los tres maratones que he disputado: 2005, 2006 y 2013, el último ha sido con el que más contento he terminado. Porque he disfrutado más de la carrera, he sido más conciente de las cosas, he sentido la carrera, me he sentido a mí, y aunque no ha sido perfecto, he terminado muy satisfecho.



Vayamos al lío. El objetivo primordial, con el listón que había marcado los entrenamientos y con la idea que salía, no era otro que bajar de 3 horas. Osado, puede ser, pero no mucho. Valgo esa marca y la voy a conseguir tarde o temprano. Sinceramente, me da igual 2h:59m:53s, que 2h55:21s. El maratón no es una competición que me llame especialmente, prefiero las medias. Pero la meta que me he marcado es bajar de 3 horas,  cuando lo consiga la maratón perderá muchos alicientes para mí. Pero es algo que debo hacer y haré.



Así que con esa determinación salgo, siempre tratando de ser prudente, conservador, ahorrador, pero con un ritmo en la cabeza. Un buen presagio. Entre más de 7.000 atletas y a escasos minutos de arrancar aparece mi lado mi colega Javigan. Le había estado buscando, llamando al móvil hasta que dejé la bolsa en el guardarropa y tras dar mil vueltas en su busca está a mi lado. Tamaña sorpresa no puede ser más que un buen vaticinio, pienso.



Se da el tiro y la salida es fluida, se coge el ritmo con facilidad. Se han organizado algunos cajones en función de la marca acreditada, pero nadie controla el acceso a los mismos, así que te podías meter en el que te diese la gana. Afortunadamente reinó el sentido común y la salida fue adecuada. Javigan sale un pelo más rápido que yo, pero ya en el K2 vamos codo con codo.



Charlamos, bromeamos, vamos fáciles, como no puede ser de otra forma. Como siempre es curioso ver que cuando llegan los puntos kilométricos la sinfonía de gps, pulsómetros y demás cachivaches es más que llamativa. Ya desde el inicio mi Garmin pica los kilómetos un pelo antes de los “oficial”, e iría por tanto acumulando ese pequeño desfase.


Codo con codo con Javigan


Bien, ahora hay que ser cauto y no pasarse un pelo. Hidratarse bien, ir arropado, cómodo, fácil. Los primeros 10K pasan como si nada, aunque ya vamos a hablar de uno de los personajes de la carrera, “el fornicador de la valla”. Al poco de pasar la Torre del  Oro un atleta le mete “un empujón” a una valla que hace las veces de separación con el carril del tráfico rodado. El leñazo es de impresión, alguno se preocupa por la salud del individuo, otros nos medio descojonamos (lo siento), que pese a la penetración por detrás, sin vaselina, dice que no ha pasado nada. Un puntazo de esa envergadura tuvo que doler, a él y a la valla. Puedo asegurar y aseguro que dentro de 9 meses habrá problemas. Lo que sí pudieron certificar los sanitarios es que este hombre no padecerá de anemia en años, comió mucho hierro.



Tras este hecho, que nos hizo esbozar más de una sonrisa, llegamos al primer paso por la rotonda de la Barqueta, mucha gente allí, banderas de muchos países. Gran ambiente, magnífico. Aquí ya se empieza a vislumbrar un grupo que parece interesante. Un par de atletas parecen ir muy convencidos de que su ritmo es el adecuado para ir a 3 horas y no el del globo, que va casi a 200 metros de nosotros, bastante desbocado en mi opinión. Según el Garmin nuestro ritmo es bueno, aunque como ya digo, tenía en mente que había desfase, así que lo debía de tener en cuenta llegado el momento. Más o menos aquí, K10 me tomo mi primer gel, llevaba otro.



Nos acercamos al K12, a estas alturas se debe incorporar mi hermano en bici. Él, además de pomponero, lleva 3 geles más y bebida isotónica en su bidón. Ya no me tendría que preocupar de los avituallamientos, en mi opinión una de los fallos de la organización. Creo que sólo el primero tuvo mesas a ambos lados de la calzada, permitiendo un mayor desahogo para los atletas a la hora de hidratarse. Pero luego todo se convirtió en un caos, cada paso por las mesas te hacía frenar, tirar el agua, dar o recibir golpes, suspenso en este aspecto para la organización. Pero daba igual, ese problema iba a desaparecer con mi mochilero personal.



K12, mis padres me animan, no sé muy bien porqué pero me emociono mucho. Casi se me saltan las lágrimas, debo reprimirlas. No me había pasado nunca esto. Ellos me han acompañado a muchas carreras, pero nunca me había emocionado así y más siendo el K12, en fin sentimentalismos maratonianos. Creo que la clave es que no le dije a mi madre nada de la maratón hasta el viernes antes, le tiene cierto pánico a la maratón desde que me vio llegar zombi perdido, cual despojo humano, en el año 2005, pero claro aquello no fue un maratón fue una carrera de supervivencia. Dejemos esto.



Mi hermano se incorpora, bien – me digo. Mi plan era usar un gel cada 10K aproximadamente, ya había usado uno, llevaba otro por si las moscas, pero mi hermano llevaba de todo. A los 200m de ir juntos me dice que si va bien la rueda de atrás, que la ha tenido que cambiar porque se le había pinchado. Le digo que va bien. 500m después se para, va pinchado otra vez o algo raro pasa. Mi error fue no pedirle los geles que él llevaba. Tenía la esperanza de volverle a ver, pero no fue así. Había perdido a mi mochilero, no me duró ni un kilómetro, vamos que pinchó antes que yo. Ahora el problema es que sólo me quedaba un gel. No sé si serán o no eficientes, pero el tema es que esto me trastocaba mis planes mentales, y más allá de que el gel fuese útil o no, iba enfurruscado. ¿Cuándo usar la bala que me quedaba?



Dejando este tema a parte sigo con Javigan, a veces él un pelo delante, a veces un pelo detrás y con el grupo que antes comentaba siempre cerca. Llega el momento del segundo personaje. La bautizo como “Lady Blood”. Ya nos habíamos fijado en ella antes. Era una chica que llevaba un slip y no hacía más que tocarse. Había cachondeo, ¿le picará el moji?, también se entonó el “¡déjame que te acarissie el chou chou, déjame!” El caso es que ya casi en el K15 vemos como sus muslos, por detrás, van llenos de sangre. Una imagen impactante, le llegaba hasta la rodilla los chorreones de sangre. El tema es que iba con el periodo, intuimos, y la chica se estaría recolocando el tampón, la compresa o el corcho. Pero el caso es que no funcionaba. La alcanzo justo cuando pasamos junto al Hospital Virgen Macarena. Veo que en su espalda reza Club Porto, así que intuyo que es portuguesa. Le pregunto si está bien. Me mira, no tenía cara de portuguesa, y me dice que sí. Lleva en el pecho la bandera de Rusia. Aunque no sé si me va a entender le digo que eso es un hospital. No sé si se enteró, lo entendió o qué, el caso es que no me hizo ni caso, ni me miró.



Dejemos aquí este episodio tan sanguinolento. En este punto pierdo de vista a Javigan casi de manera súbita. Lo tenía detrás y ya no estaba. Lo volví a ver aplaudiéndome al entrar en el túnel del estadio. Se había retirado por precaución. Hizo bien. Ánimo crack, tenemos las 3h en las piernas.



A estas alturas decido apostar por el grupo antes comentado. Había estado pululando siempre alrededor de él. Me integré a cola del mismo. Se iba cómodo, a ritmo adecuado para el objetivo y me dije aquí hasta el final.


Atasco en el avituallamiento


No hay más que contar hasta la media maratón, bueno sí, no paraba de girar la cabeza mirando a todo los ciclistas que pasaban por si mi hermano había solucionado sus problemas y me localizaba. A veces acariciaba el bolsillo donde llevaba el gel, como Golum hacía con el anillo, mi tesoro. Llega el K20, donde debía o quería usar el segundo gel, pero claro retrasé el momento. ¿Cuánto? ¿Hasta el K25? ¿Hasta el K30? ¿Sería tarde? Al final lo hice en el K25, antes de un avituallamiento.



Pero antes pasamos la media maratón en 1h30m3X segundos, según el marcador oficial. A ello había que restarle el tiempo que tardé en pasar yo bajo el arco de salida, unos 15”. Esas cuentas las llevaba yo en la cabeza. Además en este punto se unen al grupo dos liebres, amigos del que iba marcando tan bien el ritmo. Los conozco, son atletas de un buen nivel popular, en concreto uno de ellos sé que baja con soltura de 3’30”/Km en los 10.000. Es este atleta en concreto el que marca la pauta. Ya intuiréis lo que suele pasar en estos casos. Va tan fresco, tan suelto a ese ritmo de 4’14”-15” que se le van los pies y comienzan los tirones. Tan pronto vamos a 4’05” como pasamos a 4’20” dentro de un mismo kilómetro. El antiguo timonel le corrige casi en todos los kilómetros. En los primeros momentos yo iba simplemente pensando en mi gel, pero tras tomármelo ya comencé a dudar si el grupo había dejado de ser el adecuado.



Debí dejarlos ahí, pasar a “autogestión”. Pero aquello parecía como el burro y el palo con la zanahoria. Cuando marcábamos un K a 4’08” y me decidía a dejar el grupo, el otro paraba a la liebre y nos hacíamos un K a 4’15”. Esto me hacía volver a dudar y reengancharme. El hecho se volvió a repetir en varias ocasiones. Y ya en el Parque María Luisa, K32 aprox, le vi las orejas al lobo, tarde, y decidí dejarles ir.



Aún tuve un par de kilómetros decentes pero los indicadores de que llegaba el tío del mazo eran inequívocos. Lo primero era que los cuadriceps se me empezaban a cargar, ya no subían alegremente y la zancada era más corta. Tras ello llegaron también los isquiotibiales, ambos, en la zona alta, casi llegando a los glúteos. Nunca me había pasado esto.



Como bien me hizo saber Javigan hace meses, cuando uno afronta una prueba como la maratón no puede salir con un solo objetivo. Debe tener varios, priorizados, por si no sale el primero tener un segundo, un tercero, o un cuarto para tener algo a lo que agarrarse para seguir luchando y no hundirse. Era realista, aunque ya estaba en el K35 sabía que ya no iba a bajar de las 3h. Así que el cerebro, que aún rulaba bien, empezó a calcular para bajar de 3h05m. Con éstas y viendo que la musculatura se me cargaba y cargaba y ante la duda si me daría algún leñazo serio decidí caminar un poco en los avituallamientos. Así se me aliviaba la musculatura, me hidrataba bien y con tranquilidad, y aunque perdía tiempo estaba dentro de los márgenes.


En grupo tras el avituallamiento del K22,5


En la catedral, dan agua, plátanos y al final unos chavales que gritan “¡Energía, energía! No sé de qué hablan pero trinco lo que dan. Es un sobre de un gel…”mi tesoro”. Ya es tarde pero me lo “jinco” del tirón, además estaba bueno. No sé si sería el gel o qué pero marco un K decente aunque luego volví a la realidad y a mi tónica ramplona. Algunos metros caminando para descongestionar y volver a arrancar algo más aliviado, pero siempre mirando el reloj. Lo tenía controlado.



Pese a ir tocado, sin chispa, voy animado con el nuevo objetivo, lo tengo en la mano. Incluso pego algún grito y animo a la banda de música que hay en La Alameda. Muy buena iniciativa esta de la música en vivo en diversos puntos de la carrera. Punto positivo para la organización.



Mini repechín al final de la Calle Calatrava para volver a Barqueta, duelen los cuadriceps. No pasada nada, camino 50 metros, y vuelvo a arrancar. Ya estamos ahí- me digo. Cruzo el puente y vamos hacia el Parque del Alamillo, no paro de calcular y voy bien si marco los kilómetros a 5’00” aproximadamente.



Quedan 2K y animo algo el paso. K41, paso a atletas miro el reloj y voy casi a 4’40”, Pasamos junto al estadio, ahora bajo el viaducto, lo tengo. Giro a la izquierda para encarar el túnel sur del estadio, y ahí, justo ahí me da un leñazo el gemelo derecho. No puede ser, tras una primera zancada en falso sigo, pero me da otro pinchazo, paro inmediatamente. Grito y maldigo. Doy dos pasos antes de reaccionar e irme a un bordillo a estirar el gemelo. Giro la cabeza y miro al túnel y voy a arrancar rezando para que no vuelva a dolerme. No lo hace, entro en el túnel y en la cuesta me lanzo con todo lo que me queda. Toco el  maltrecho tartán (de vergüenza), miro a meta constantemente, quiero ver el cronómetro. Trato de alargar la zancada todo lo que puedo. Voy rápido, o eso creo. Ya no miro mi reloj, busco el crono de meta. Encaro los últimos 100m y ya veo que marca 3h05m, pero entre el desfase de salida del tiempo neto y tal me animo a seguir empujando. Entro contento. He luchado hasta el final y creo haber obtenido mi premio.



Lo malo es que al llegar a casa y verificar los datos veo que, hablo en términos netos, en 2005 hice 3h05m23s y en 2013 termino con 3h05m29s, ¡madre mía 6 segundos! Tan poco y tanto a la vez. De haberme ahorrado alguna de esas paradas “voluntarias” o el maldito calambre en el gemelo lo habría hecho. Aunque por otro lado la marca de 2005 vale infinitamente más que la actual, fue una carrera dantesca aquella. Aunque por aquel entonces mi forma era mucho mejor que la actual. Bueno, basta de peros, aunques y sin embargos. ¿Cómo me siento? Bien, contento, satisfecho. Y lo mejor es que en esa lista de de objetivos al final, aunque deberían estar al principio, rezaba volver a disfrutar de la maratón (creo que ha sido la primera vez que lo he hecho) y sentirme maratoniano. La maratón este año me dijo, no, no vas a bajar de 3h, y yo le dije vale pero déjame batir mi mmp. Llegamos a ese acuerdo y no ha salido por 6 asquerosos segundos. Pero si bien en 2005 terminé cabreado y en 2006 asqueado dejando de correr por casi 3 años, hoy tengo ganas de volver a enfrentarme a mi maratón y como no, con la intención de bajar de 3 horas.



Ahora entramos en la sección de reproches y mejoras.



El viernes mi queridísimo hijo arrancó la hebilla del Garmin, así que tocó correr con él en la mano. Algo muy útil a la hora de avituallarse o abrir los geles, véase la ironía. Ahora tengo que hacerme algún apaño. Para más INRI , por si el gps fallaba llevaba mi reloj de vueltas de toda la vida. Pero claro con los nervios de la salida no lo arranqué y cuando me di cuenta ya pasé de él.



Lo de mi hermano es pa’echarle de comer a parte. Pero mi cabreo, no con él sino con la circunstancia, no tiene parangón con su decepción por no haberme podido ayudar. Obviamente yo no le he dicho nada de los geles ni nada. Me ha prometido que el año que viene se hace la segunda media conmigo, corriendo, con dos... Soy sincero, veo complicado que lo logre, pero por lo menos que lo haga con la bici con ruedas de piedra.



Al sacar la ropa sudada de la bolsa para meterla en la lavadora he visto que el cerco de sudor en las mallas llevaba un filo blanco. Esto no recuerdo que me haya pasado antes, así que intuyo que mi hidratación fue deficiente. Aunque beber más en el caos de los puntos de avituallamientos y además con los vasos, que la mitad del contenido se perdía en el suelo, en tu pecho o en la cara del voluntario. Por cierto, el Acuarius escuece en los ojos, 8 de cada 10 maratonianos así lo atestiguan tras visitar Sevilla.



Estrategia de carrera. Creo que no fue mala. Fui cauto en la primera mitad, pero como ya he reseñado debí dejar marchar el grupo cuando se incorporaron las liebres y subieron el ritmo a base de tirones. No sé si al haber ido a mi bola habría bajado de 3 horas, pero quizás habría retrasado la llegada del muro.



Sí tengo claro o tenía claro, ya antes, que mi preparación no iba a ser la idónea, o la más oportuna. Decidí apostar, y no me arrepiento, por luchar por mmp en media maratón en Ayamonte, lo que me dejaba “sólo” 6 semanas para prepararme para la maratón. Opto por un plan de garantías de 6 días/semana de entrenamiento, que se puede adaptar a 5 días/semana. Lo adapto, lo que reduce el kilometraje semanal, pero es que además en alguna semana sólo entrené 4 días, sacrificando los entrenos más cortos. Resumiendo, sólo en una semana he llegado a 90 kilómetros, incluyendo calentamientos y enfriamientos. Así creo que me presenté algo corto de kilómetros.



La causa de estas “faltas” en los entrenos han sido todos los trámites de la casa nueva, mudanzas (eterna y aún no terminada) y demás vicisitudes que ello ha conllevado. Además de saltarme algún entreno ha habido días que no he estirado nada o de manera deficiente. Imperdonable.



Todos estos factores, a toro pasado, creo que dan más fuerza a mi satisfacción con la marca y me dan alas dado que la mejora es más que factible. A esta línea de autocrítica hay que añadir dos fallos recurrentes en mi persona, bajar algo de peso, estar más cerca de 70Kg que de 75Kg y hacer algo gimnasia (abdominales, lumbares, gomas, pesas). No hago nada de nada, no me gusta y me aburre. Pero tengo claro que es clave.



Bueno, Maratón de Sevilla, nos vemos el año que viene, ¿vale?




lunes, 14 de enero de 2013

XXVIII Media Maratón Ciudad de Ayamonte


Si nos ceñimos a los números se podría decir que la carrera no fue buena. 1h26m21s dista mucho del objetivo marcado, que no era otro que mejorar la 1h23m09s del año pasado.

 La clave, el protagonista de la carrera no fue otro que el viento, lo que hacía que apostar por mejorar marcas o hacer una carrera interesante quedase en un espejismo, e intentarlo en una temeridad.

Los entrenos estaban a mi lado. Los controlados me acercaban al objetivo, las series no eran malas y desde hace más de un mes estaba metiendo rodajes largos para el cambio de plan de entrenamientos a maratón, lo que había mejorado mis sensaciones en los entrenos exigentes. En un día normal habría podido asaltar el objetivo, pero ello no era posible.

En Ayamonte, donde estaba desde el viernes, tuve tiempo de darle muchas vueltas al coco. Ya sabía, según las previsiones meteorológicas, que el domingo se preveía un cambio de temperatura, me da igual el frío, alguna probabilidad de lluvia, me da igual que llueva, y viento de origen nor-noroeste lo que hacía presagiar una carrera complicada, en especial en la segunda mitad de la prueba que discurre por una travesía sin protección reseñable.

Así que a sabiendas de la situación tenía dos opciones. Por un lado tirarme al toro y morir en el intento, o usar la carrera como un test pensando en la maratón, haciendo 10K a ritmo maratón y resto a ritmo media maratón.

Aunque esta duda la llevé en la cabeza hasta casi el pistoletazo de salida, donde las banderas del Estadio Blas Inflante ya ondeaban con rabia, mi corazón ya había decidido desde hacía semanas. Tras Córdoba, donde no fue el día y bajé los brazos antes de tiempo me autoexigía un desquite, darlo todo, exprimirme, arriesgar. Así que ya sabéis lo que hice. ¿Osado? ¿Una temeridad? Probablemente, pero es lo que me pedía el cuerpo y salí decidido a darlo todo.

Vamos a la carrera. Cuesta ponerse en tirantas, las ráfagas de viento frío te dejan tiritando. Afortunadamente aquí no hay que esperar mucho y dan puntualmente la salida y sin apreturas. Cojo el ritmo rápido y paso a ejecutar el plan. Hay que buscar un grupo sí o sí, con un día de viento es obligatorio. Los primeros dos kilómetros los paso mirando el reloj para no pasarme de rosca y sondeando el horizonte y a los que me pasan a ver donde me engancho.

Antes de la única cuesta, la que corona con el K3, pasa una “rusita” con su “rusito”, y junto a ellos la bicicleta con la banderola de primera mujer. Tras ellos siete u ocho atletas que saben que éstos van a su rollo y no van a pedir relevo ni nada, además que lo pidan que no les entendemos. Me sumo al grupo. No será el definitivo para mí, pero de él saldrá una importante alianza.

Como ya decía los rusos dejan claro que van a lo suyo van subiendo el ritmo, no quieren que nadie les moleste. Sobre el K5, y tras el callejeo alcanzamos a otro grupo, donde van tres de un club de Coria del Río. Parece que la cosa se relaja, yo ya iba pensando en que ese grupo era mucho para mí, pero por otro lado miraba para atrás y ya no veía más donde engancharme y hacerme la parte final de la carrera solo era algo que me aterraba. Lo conozco bien, llevo muchísimos años veraneando en Ayamonte, he entrenado en ese tramo cientos de veces y cuando el viento sopla olvídate de tiempos. El caso es que la calma dura poco y los rusos vuelven a tomar los mandos, deshaciendo el grupo y tirando por debajo de 3’50”.

¿Qué hago? Decido dejarlos. Ese ritmo me destrozaría sí o sí, con y sin viento. Ahora hago dupla con dos portugueses. Uno me habla, le respondo (en portugués) y entablamos “amistad”. Le comento que la segunda mitad de la carrera va a ser dura, y los últimos 5K durísimos, me comenta que lo sabe, que ya ha corrido aquí antes. Bajamos un pelo el ritmo, no me gusta y tiro un poco. Él no me sigue. Cruzamos, por segunda vez, una de las calles principales del pueblo. Voy dirección norte, el viento sopla en contra y el ritmo se resiente. Lo tengo claro y decido esperar a los 2 portugueses, mejor eso que nada.

Kilómetro 9, esperando a los lusos
Pasamos el ecuador de la prueba. Los rusos han hecho una selección notable y marchan casi en solitario. Tras el punto de avituallamiento de mitad de carrera me quedo sólo con el portugués que me habló, José “Pimenta”. Llevamos delante una pareja y decidimos ir a por ellos, para ver si hacemos fuerza. Pero nada más sentirnos llegar se abren para dejarnos el peso. Pequeños momentos de inpass, Pimenta me dice que deberíamos coger al grupo que está delante y aguantar ahí hasta el final. Dicho grupo estaba formado por los que los rusos habían dejado atrás y por otros que habrían salido muy rápido y ahora habían encontrado su paso. Tenía buena pinta, siete u ocho atletas, buen grupito para luchar contra el viento – me dije. Le digo al portugués que vamos y abandonamos a los otros dos que no nos siguen.

Sabía que estaba quemando mucha pólvora, ya que la caza no fue nada fácil, pero entendía que era mejor alternativa que quedarme atrás rezagado con los otros dos que no parecía prestos a colaborar. Arriesgué. El grupo ofrecería mayor protección. Aunque a priori, ahora íbamos con el viento a favor, de vez en cuando venían unas ráfagas laterales que casi te desplazaban. Nos costó mucho, mucho cazar al grupo. Pimenta me repetía “chegar e manter, chegar e manter” (llegar y mantener). Yo le hacía el signo del pulgar hacia arriba, no quería ni hablar.

Llegada a Isla Canela

Al final los alcanzamos poco antes de llegar a la playa. Sabía que lo que quedaba iba a ser durísimo: final de la carrera, alguno pregonaba que tras el giro en la playa iba a tirar y sobretodo el viento. El rato que estuve tras el grupo ya me hizo ver que iba muy justo de energía. No pintaba bien la cosa. Llegamos a Isla Canela, allí está la afición: mis padres, mi chica y el pequeñajo. Recompongo algo la figura para saludarles y salir  bien en las fotos, puro teatro, ya la cosa pintaba mal y me refugio descaradamente al final de grupo.

Saludando al pequeñín

Cambio de sentido, volvemos al pueblo, y aquello parece un toque de campana. Alguno ya se lanza y el grupo pasa a ser una fila casi de manera súbita. Yo cierro. Pimenta me hace puente para volver, incluso me espera. Grande.

Afortunadamente fue un momento de arrebato de alguno que pasó en cuanto vio, o mejor dicho, sintió el viento. La euforia desapareció. Miraron para atrás y el grupo se reorganizó. Casi sin querer estaba otra vez con ellos. Enfilamos la travesía de vuelta y Eolo nos saluda con energía. Es mi puntilla. En el pueblo, con los edificios, al inicio de la prueba, era soportable, pero a estas alturas de la película la cosa era bien distinta. Incluso yendo descaradamente el último el viento me pega de lo lindo. Cedo uno, dos, tres metros, el viento me mata. Hago un cambio de ritmo brutal, vuelvo a entrar. Ya sufriendo mucho. Una arboleda nos da cuartelillo, un breve respiro. El ritmo del grupo ya roza el 4’ pelao, normal. Cedo hasta en tres ocasiones, volviendo a entrar con mini cambios. Pero finalmente caigo cual fruta madura. La brecha se abre de una manera exponencial, el viento me machaca. No puedo seguirles ni con la mirada. Echo una ojeada hacia atrás y sólo veo atletas sueltos.

Me quedan cuatro kilómetros muy duros. Me planteo si he sido demasiado kamizake, si debí haber sido más cauto. Pero me digo que no, que he hecho bien, que toca sufrir hasta meta y que llegaré como sea. Me pido no abandonarme y consigo mantener una cadencia “decente” hasta meta. De ir por debajo de 4’ paso a casi 4’40”, gran diferencia, sin embargo sólo me pasan cuatro atletas y yo superé a un quinto. Los dos últimos, que me adelantaron cuando restaba poco más de un kilómetro, me dan algo de vida. Trato de seguirles, alegrar el paso, ya con la vista del estadio en el fondo. Aunque tironeo un poco recobro algo de ritmo, no soy capaz de seguirlos pero los uso de referencia.

Meta
Rodeando al estadio me doy cuenta de que tampoco voy a poder disputar con nadie. Los de delante están lejos y los de detrás también. Afortunadamente entrar en el tartán te da un plus, que casi sin querer, alegras el paso para completar la vuelta a las pistas. Fin de la aventura.

En el avituallamiento encuentro a Pimenta, ha bajado por un segundo de 1h24m y los rusos, no sé si fritos o bien relajados ya que ella no tenía competencia, “sólo” hicieron 1h23m41s.

Al terminar la carrera la sensación que tenía era de orgullo, de haberlo dado todo, sin reproches ni quejas. Tengo muy claro que de no haber habido viento habría hecho un gran registro, pero tengo igual de claro que hice una buena carrera. Arriesgué, me la jugué y a falta de 3,5Km me derrumbé. Casi me sale. Ahora a pensar en el maratón.

Sólo tengo una queja para la organización, que ya le he hecho llegar, y es que esta prueba tiene casi 300m de más y es algo muy, muy fácil de solucionar. Pero ya se lo recordaremos dentro de unos meses. Pese a ello sigo pensando que es una buena prueba, y que sigue entre mis favoritas. Buena gestión y sin aglomeraciones, y un buen viario para correr rápido.






miércoles, 3 de octubre de 2012

XXVII Media Maratón Córdoba-Almodóvar del Río


Hasta la Media Maratón de Córdoba, 25 de noviembre, queda aún mucho y siempre es bueno tener objetivos, motivaciones, que den aliciente al hecho de salir a entrenar. Así que escudriñando el calendario encontré la XXVII Media Maratón Córdoba-Almodóvar del Río, que nunca había disputado.

Acudía con muchas dudas a esta prueba. Mis entrenamientos me decían que debería afrontar la prueba sobre 4’10”-12”, sin embargo la bajada repentina de temperaturas hizo que mi último entreno dijese que podría ser más agresivo. Por tanto no sabía a qué ritmo salir.

Afortunadamente, y como no iba a por marca, ni mucho menos, no llevaba mucha presión. El plan era acompañar a un amigo que está preparando una maratón y se tomaba esta carrera como un test. Desgraciadamente no pudo ser, “Javigan” no pudo asistir, gracias por tu dorsal, y me quedaba huérfano de compañero. Pero fue por poco tiempo, en la misma tesitura andaba Moncho y con él salí.

Salida ancha, fácil colocarse y coger el ritmo con las primeras zancadas. Antes de terminar el primer kilómetro ya estamos en la carretera que une la Córdoba con Almodóvar del Río, así que todo tieso.

Moncho y yo vamos hablando, cada uno de sus objetivos, a un ritmo de 4’10” aproximadamente. Un poco más adelante va una chica, Susana, amiga de Moncho y cuyo objetivo es luchar por la prueba y además tenía en mente una marca de 1h20m. Nos damos cuenta que está demasiado cerca nuestra si lo que busca es ese registro. Justo antes del K3 la cazamos y se confirma que no va nada bien, según parece ya tuvo problemas en el calentamiento. Le damos cuartelillo, pero ella no va. Moncho decide seguir con ella (finalmente se retiró) y yo, con dudas, sigo para delante.

No hay mucho más que contar, una recta infinita, desde el K7 ya se ve el castillo de Almodóvar, así que te puedes comer el tarro con ello. Sin embargo yo iba centrado en los que tenía delante y trataba de no echar cuenta a que el castillo no parecía acercarse nunca.

Salida. Se me ve, pero poco.

Hasta el K10 fui con un chaval, que aunque no hablamos nada, por lo menos iba a mi lado. Pero en el punto de avituallamiento del K10 yo me quedé solo.

Aquí las cosas marchaban muy bien. Ya iba a 4’05”, incluso menos, de hecho marqué un par de kilómetros a 3’59”, obviamente en zona con perfil descendente. Esta prueba en general tira para abajo, aunque tienen sus falsos llanos.

Lo peor, para mí, vino en el K15 aproximadamente. Larga curva a la derecha y el desnivel lateral, peralte, es demoledor y noto como zancada tras zancada se me va cargando más y más el glúteo izquierdo. Duele y mucho. Afortunadamente se termina la curva y volvemos a una recta, suavizándose el peralte y con él la molestia.

Ahí ya se me encendió la luz roja y estaba claro que tocaba sufrir. Además tenía en mente los comentarios de compañeros que me comentaron que antes del pueblo había que pasar un puente sobre la carretera. Pero antes otra curva, y el peralte es impresionante, la pierna izquierda se me engarrota totalmente, trato de irme al centro de la calzada, un gran esfuerzo. Desde este punto vinieron los peores kilómetros. Las zancadas ya no eran tan alegres y apenas levantaba las rodillas. También es cierto que iba en ligerísimo ascenso.

Ya se veía el puente de marras, pero por mucho que me fijaba no veía a gente sobre él. Afortunadamente no hubo que subirlo y se entraba al pueblo sin tener que cruzarlo. Ya sólo restaba poco más de 1K y tiraba para abajo. Abriendo piernas casi vuelvo a bajar de 4’, pero ya no iba para alardes y tampoco tenía mucho sentido tirar.

A unos 300m de meta me pasa un atleta y se me queda a 1m, creo que me mira y me dice – pasa, pasa, es que voy esperando a un compañero. Le respondo –Sin problema, no hay prisa. Finalmente éste vuelve a frenar para esperar a su colega. Encaro la recta de meta y escucho por detrás que vienen varios en tropel, y no sé muy bien por qué hago un pequeño cambio para asegurarme la posición.

El ganador acercándose a Almodóvar del Río. Bonita foto.

Termino con 1h27m01s, unos segundos menos según la organización. Creo que el resultado ha sido justo y acorde a la preparación, una pena esos 2-3Km malos. La conclusión que saco de esta prueba es que queda mucho trabajo por delante si en Córdoba quiero bajar de 1h23m, va a ser duro.

No quería terminar esta crónica sin hacer mención especial a la organización de esta prueba, que me ha parecido impecable. Todo perfecto, no tengo queja alguna. Obviamente me gustaría que hubiese mayor animación, pero claro la carrera discurre por una carretera y la gran mayoría del tiempo vas absolutamente solo, sin público. Y el otro punto es el desnivel lateral, pero es mas de lo mismo.

Esta carrera va dedicada a "Javigan" y para quien tú ya sabes. ¡Mucho ánimo!