miércoles, 4 de junio de 2014

Carrera IMD Parque Mª Luisa 2014



Escribo con cierta desgana esta crónica, quizás con la misma que afrontaba esta carrera y también las últimas semanas. Y es que con el calor y toda una temporada encima, cuerpo y mente piden ya un respiro, y lejos de dárselo, por lo general, seguimos estirando y estirando más la temporada, aunque nuestro rendimiento vaya ya en claro declive.

Como os decía, desde la anterior popular, que salió mal y eso también pudo afectar, los entrenamientos ya no iban saliendo tan bien, se sale a entrenar apocado y claro, así, es complicado.

A sabiendas de ellos un sigue entrenando y el único objetivo en esta carrera, finalmente, era no petar y terminar satisfecho con el trabajo, más allá de la marca. Digo que finalmente porque tras la del Parque de Los Príncipes, una debacle, me puse como meta bajar de 36’48”. Pero con el paso de las semanas vi que me podía estrellar otra vez, y que iba a ser mejor esperar al otoño, con la nueva temporada, para volver a luchar al 100%.

Mirando la hora, pensando en qué hacer luego del paseo.

La semana previa a la carrera transcurre sin tensión, duermo bien la noche antes, y en la salida no tengo ningún tipo de nervios. Sólo me contagio un poco, ligeramente, del ansía que veo en algunas caras de los compañeros con los que caliento y hablo. Pero aún así estoy… pluff.

Se da el tiro y salgo a mi ritmo, buscando mi paso, nada de hacer un primer kilómetro a muerte. Nada de alardes. Esto hace que me pase muchísima gente en la salida, pese a picar a 3’40” el primer mil. Pero ya en ese punto la cosa cambia y soy yo el que empieza a pasar. No hay mucha historia. Sigo entre 3’38” y 3’40”, estable y relativamente cómodo. De hecho incluso me veía con la posibilidad de atacar la marca. Pero seguí con pies de plomo.

Segundo "palmerazo"

En el K3 ya me quedo solo, he ido apoyándome en grupos para ir escalando posiciones, pero ya aquí sólo hay atletas sueltos. No sería hasta mediado el K6 o llegando al K7 donde hubo un cambio. Pasamos bajo las vías del tren, suelto piernas y brazos en la bajada y contemporizo muchísimo en la subida, no quiero cebarme. Pese a mis esfuerzos esa leve subida me sacó de ritmo, no volví a él.

Ya hasta meta tuve una lucha conmigo mismo bastante intensa. ¿Dejarme ir o seguir? Me costó, pero luché por lo segundo. Como decía el ritmo se resintió un poco, sobre 3’45”, hasta llegar a meta. Incluso el último mil, donde hice un amago de subir el ritmo, vi que no era posible y me fui a 3’48” ya tieso, sin cambio en la recta final. Finalmente 37’07”. Ya digo, no fue la carrera de mi vida, pero creo que poco más se podía sacar.

Meta, "no fuel"
 
Como anécdota decir que, ya dentro del parque, antes de llegar al K9, que estaba perfectamente marcado, había un arco hinchable. En esa recta, y sin venir a cuento, dos atletas se lanzaron en un sprint a muerte, como si no hubiese mañana. Pocos metros después ellos, yo, y todos los que por ahí estábamos, nos percatamos que los dos creían que era el arco de meta y que habían hecho un precioso sprint a 1K de meta. ¡Qué pena no poder reírme entonces! No había fuerzas, pero fue un puntazo.

Bueno, ya queda menos, próxima y última parada: Nocturna de Carmona. ¡A DISFRUTARLA!


viernes, 2 de mayo de 2014

Carrera Parque de Los Principes 2014



Para romper la tónica habitual, hoy hay que hablar de una mala carrera. En una temporada genial ya tocaba una. Y había algunos ingredientes para que aconteciese. Vamos a meternos en harina, que no sólo se pueden contar cosas buenas, y de las malas se aprende más.

La prueba en sí, la 2ª carrera del Circuito de Carreras Populares de Ayto de Sevilla, la del Parque de Los Príncipes, otrora Triana-Los Remedios, me la tomo como la última oportunidad “real” para hacer algo importante en la temporada. Con mejores marcas en media maratón, maratón y también en diez mil en la última popular del año anterior, en octubre.

Respaldado por unos buenos entrenamientos, me pongo como meta hacer 36 minutos cortos, y por qué no algo menos. ¿Optimista, ambicioso? Puede ser, pero no mucho. Por lo general soy una persona realista y un pelo conservador en las carreras, pero quise hacerlo distinto esta vez y quizás ahí estuvo unos de las causas de que no saliesen las cosas.

Vamos a la carrera. En los prolegómenos encuentro a Marco A. Macarro. Habíamos medio quedado en salir juntos, el tiene más calidad que yo, y a poco que siga trabajando le veo bajando de 36’ en breve, sin embargo ahora mismo estamos a un nivel muy similar. Se encomienda a mí para no pasarnos en la salida y trabajar un ritmo entre 3’35” y 3’40”. Nos colocamos bien, nos viene de maravilla el tener acceso al cajón prioritario.

Se da la salida y no hay embudos, vamos fluidos. Yo tomo la iniciativa, tirando de Garmin, para buscar el ritmo desde el primer momento. Lo consigo y cojo el paso rápido. Aproximadamente en el K2 llegamos a un buen grupo. Más o menos organizado y nos acomodamos. El ritmo es bueno, y pienso que puede ser una buena alternativa.

Sin embargo, y aquí viene el punto clave de la carrera para mí, cuando llevamos poco más de 1K con ellos, veo que me como a los primeros y tengo que acortar la zancada para no molestar al de adelante en varias ocasiones. El reloj me lo confirmaría, se estaba bajando el ritmo. En otras ocasiones hubiese esperando, y más viniendo una recta en la que generalmente suele dar el viento. Pero como decía más arriba, hoy iba con un papel que no era el mío. Decido tirar del grupo para que el ritmo no decaiga, no tenía intención de dejarlos atrás, simplemente mantener los guarismos. Pese a ello, me marcho siguiendo a otro atleta, que quizás vio que aquello se había parado. Marcos, se quedó en el grupo, acertó.

Comienzo a salir del grupo




Llegamos a la recta, mantengo el ritmo casi perfectamente, pero el cuerpo me va dando ya señales de agotamiento, demasiado pronto, con el K5 al fondo. Recuerdo que tras girar a la izquierda, volviendo a la Ronda Triana, hay un ligero descenso. Me escudo en él para seguir ilusionado, pero el paso por esa zona no supone ningún alivio.

Paso el K6, el reloj dice sí, pero la cabeza dice no y me rindo. Cuatro kilómetros se me antojan demasiados para seguir al ritmo, imposible, reventaría antes. Bajo el pistón, sin abandonarme, y me empiezan a pasar atletas paulatinamente. No tardaría en llegar el grupo en el que viajé. Marcos me anima a unirme, también va David Bueno. Me acoplo y parece que recobro cierta ilusión. El parón me ha dado cierto fuelle, pero fueron fuegos de artificio. La cabeza decía no, y era no. Voy perdiendo posiciones en el grupo hasta que terminan por irse.

Con el disco duro apagado

Una sensación muy extraña, las piernas me siguen dando un ritmo decente, por debajo de 4’, pero la cabeza va fundida, frustrada. Me sigue pasando gente y no hago ningún tipo de esfuerzo por seguirles. Sólo a falta de un kilómetro, y tras un giro brusco, es cuando me digo “vamos, ostia”, y retomo cierto brío en la zancada, incluso termino adelantando a gente en los últimos metros. Tiempo real: 37’10”, 78 de la general, 33 por categoría. El primer 5.000 en 18’07” y el segundo en 19’03”.

Ahora llega el tiempo de hacer autocrítica y aprender, amén de replantearse cosas, dado que llega el calor y la temporada comienza a pesar. Como ya ha quedado patente en el relato, creo que pudo ser un error no continuar con el grupo, si no hasta el final, sí unos kilómetros más. Pero, por otro lado, tampoco hice una gran locura. Mi ritmo era el entrenado, no salí por encima de mis posibilidades. Este sería otro tema en el que debo ahondar.

Encarando meta. A pensar en la siguiente.

Lo que sí me ha dado esta carrera es la motivación, en forma de rabia o espinita, para seguir empujando hasta la siguiente, el 1 de Junio. Aún con las piernas doloridas es complicado saber qué voy a hacer. Pero a casi un mes vista, mi intención es pelear la carrera, y batir marca, es decir 36’49” estaría bien. Me debo olvidar de cotas mayores, que habrá mejores momentos. Sé que será complicado, la temperatura y la altura de la temporada en la que estaremos serán un factor muy relevante. Pero trataremos de flexibilizar la preparación, dando más descanso y haciendo entrenamientos que motiven. Y es que desde que empecé con la maratón, allá por finales de Noviembre, estoy entrenando seis días a la semana, y voy a aflojar antes de que se rompa la cosa, ya sea por el lado físico o por el mental. De todas formas, si alguien me dice el año pasado todo lo que he alcanzado esta temporada, pues no me lo creo. Seguiremos contando.


martes, 8 de abril de 2014

2x1 en Esquivel




No entraré en muchos detalles, por no decir ninguno, pero le tenía muchas ganas a esta carrera. La tenía marcada en el calendario desde el año pasado. No es una prueba que me llene especialmente, por pistas agrícolas, con cuestas…, pero es la carrera del pueblo, y hay que dar el do de pecho en casa, en mi nueva casa.

Ese era mi objetivo principal, luchar por ser el primer local del cross, lo que en sí implica dejarse la piel y hacer una buena carrera. Es por eso que la preparación, tras la maratón, ha estado centrada en esta prueba, en ganar velocidad y perder algo de fondo.

Sin mucha más dilación os cuento lo ocurrido en el día marcado. Me voy con el tiempo justo a Esquivel, ya había recogido el dorsal días antes, además es fácil aparcar. Casi vestido de casa, tras dejar el coche, empiezo a calentar, cruzándome con distintos atletas, lo que me sirve para ir viendo ya el percal.

Esta prueba no se caracteriza por tener un gran número de participantes, lo que viene además potenciado por no haber una excesiva labor de difusión detrás. Igualmente el día 6 de abril se disputan varias pruebas en la provincia, por no decir demasiadas. Así a bote pronto recuerdo: Bormujos, Gelves, Polígono Sur y Salteras. También la MM de la Cal y el Olivo, la de Mérida, y la de Málaga. Y creo que había también un duatlon en La Algaba, amén de alguna prueba de trail no muy lejos. Vamos, que había variedad donde elegir, lo que sería un punto fundamental en este día.

El calentamiento me sirve para ver que no hay grandes galgos, conocidos, en la prueba. Me coloco sin problemas, como siempre en la primera fila de la salida y empieza la cháchara y las miradas de soslayo. Ya veo alguna cara conocida, algún atleta con buena pinta, aunque esto es muy engañoso. Charlo con un amigo del CA Gerena y le digo que hay 3 o 4 que corren más que yo seguro, aparte de la sorpresas y los tapados, pero que mi objetivo es ser 1º local.


Esa será mi premisa, y con éstas se da el tiro. Pronto dos de los atletas que vaticinaba iban a marcar la pauta se ponen en cabeza, luego un grupeto, y un segundo desde el que observo. Es sólo el primer kilómetro, y aunque puede/debe ser el más rápido, ya que es asfalto y favorable, voy vigilando “mi tema”. En el grupeto perseguidor va un atleta del CA Esquivel y hago un miniesfuerzo para alcanzarlos.

Salimos a campo abierto, así discurre el 95% de la prueba, descendemos por una rampa que a la vuelta será dolorosa. Aunque seguimos en el primer kilómetro la cosa se empieza a aclarar en cabeza. Ya son sólo tres los destacados, aunque van en solitario, y luego dos atletas, a los que me uno. Se trata de un veterano B, y un segundo atleta que tiene toda la pinta de estar haciendo el mil de su vida, pero que no sabe que le quedan aún nueve más.

Sigo con mi marcha, he dejado ligeramente atrás al atleta de Esquivel, y me coloco cuarto, con el veterano B a la zaga. Tengo claro mi objetivo, y aunque es complicado ir con un ritmo estable aquí, me voy fijando en mis sensaciones y en el Garmin para no pasarme de rosca.

No hay mucho más que contar, sinceramente. De una manera muy paulatina voy abriendo brecha, con mi ritmo. El veterano B ha cedido, el de Esquivel se me aproxima, pero luego se aleja. El punto clave fue el K4, en el que hay más repechos. No son duros, pero sí continuos. Pese a que no soy un amante de las cuestas, el hecho es que les noto alejarse y les siento jadear, lo que me da la seguridad de que mi objetivo está cumplido.

Una preocupación que llevaba en la cabeza era cómo iban a estar los caminos. Las lluvias de los días precedentes los podían haber dejado algo impracticables. Pero sin embargo no estaban mal, aunque hubo puntos en los que tuve que saltar o alargar trazadas para no meterme en charcos o barrizales.

Vamos a llegar al ecuador de la prueba, y como me veo con el trabajo hecho, el cerebro empieza a pensar en otras cosas. Es cuando me percato que el que va segundo, a buen seguro, es veterano, lo que me convertiría en 3º senior. Sí, en esta prueba aún soy senior. Esto me hace mirar mucho para atrás, quizá demasiado.

Por el retrovisor veo un grupo de diversos atletas, a veces comanda uno, a veces otro. Lo que creí que iba a ser una placentera vuelta a Esquivel, se convierte en un periplo un pelo agónico. Sinceramente no sé si se me acercaban o no, pero yo tenía la sensación de que venían como lobos. Así que a seguir tirando.

Llega el final del K6 y principio del K7 una rampa curiosa. Punto clave de la prueba. La subo al tran tran, y nada más llegar arriba vuelvo a darle fuerte. En cada giro miraba atrás, ¡qué suplicio1 Llaneo, desciendo rápido y ya sólo quedan poco más de 2K, que hago con lo que me queda. Es una larga recta en la que se puede ver perfectamente a los tres primeros, cada uno en su isla, como yo, supongo que con mis mismos temores e ilusiones, aunque el primero iba sobradísimo. Esquivel, en su cerro, al fondo.

Llegamos al último repecho, el que te da acceso a la pedanía, estoy tieso. Justo arriba, cuando se vuelve a pisar asfalto, una mujer me dice –¡vas cuarto y solo!, ¡vas cuarto y solo! Penúltima mirada atrás. Efectivamente, hizo falta que alguien me lo dijera para que viese que el siguiente andaba lejos, bastante además. El breve callejeo por Esquivel lo hago lento, exhausto. Afronto la recta final entre aplausos, que correspondo, no sin antes echar un último vistazo atrás lleno de desconfianza. Nadie, no venía nadie.

Cruzo la meta y me leen el dorsal. Le digo, ¿tú controlas el tema local?. Me responde que
Meta, en plan mono borracho
no y me indica quien lo hace. Sigo caminando, llego a la altura de un señor y le digo, yo
soy local. Me pregunta si soy del Club Esquivel, le digo que no, pero que soy de Alcalá. ¿Vale?, me dice que sí. Pues eso, que vale, que luego vienen los rollos. Doy dos pasos y me dan el ticket del cronometraje y sorpresa, no soy 3º senior, sino 2º. Según parece el 2º de la prueba, como ya barruntaba, y el 3º, ambos dos, eran veteranos. Así que el ganador y yo somos senior. No quepo en mí de gozo.
 
Con estas llega el 5º en la prueba. Le doy la mano, viene también ahogado. Le pregunto si es senior, me dice que sí, y le comento que entonces es 3º. Incrédulo lee su ticket y me abraza. Creo que este también es del club “ganamos poco, no, menos todavía”.

Podium Senior Masculino


Ahora tocaba disfrutar de Samuel, quién iba a debutar aquí. Aunque la verdad él no era para nada consciente. Estuvimos jugando con otros niños, en los columpios y comiendo gusanitos, correteando de un lado para otro. Hasta que nos da por ponerle un papelote en el pecho, diría él, y lo ponemos en una fila con otros niños. Un tío, mediante un silbato, da la salida y todos salen disparados. Todos menos Samuel que, creo que se asusta, y quiere que le coja en brazos. Consigo que arranque a caminar, un leve trotecillo, pero se para. Al final termina la prueba llevando a Greta y con mamá y papá a los flancos, paseando, entrando en meta todos juntos entre aplausos. ¡¿Qué mejor debut?!



Salida "Peques"
Quiero dedicar esta entrada a todos esos atletas, entre los que me incluyo, que se entrenan para superarse a sí mismos. Cuya motivación es ganar un segundo en una prueba. Con el trabajo diario y una pizca de suerte, que también hay que tenerla, los éxitos llegan, ya sea en forma de marcas personales, copas o diplomas. La clave están en disfrutar del camino, lo otro ya vendrá o no. La gran mayoría de nosotros no estamos entrenadospara luchar por victorias ni podiums, nos enfrentamos a nosotros mismos cada vez que arrancamos un entrenamiento, ahí está nuestro disfrute y nuestro triunfo. Lo demás es superfluo, un añadido. Indudablemente mola subir al podium, recibir un trofeo, no lo niego. Pero me siento más satisfecho de mi última MM de Córdoba, o de la última maratón.

Piano piano si va lontano




martes, 18 de marzo de 2014

Crónica de una victoria inesperada




Ganar, en esto del atletismo, es algo que está reservado a muy pocas personas, a todos los niveles. Sin embargo es una ilusión que todos y cada uno de nosotros tenemos, independientemente del deporte que practiquemos.



El pasado sábado 15 tuve la enorme suerte de ganar. Sí, suerte. Obviamente uno entrena casi a diario, se cuida más o menos, y tal. Pero a determinados niveles, para ganar una carrera, tienen que coincidir una serie de factores, muchos, para que eso ocurra. Y ocurrió.



I Carrera Solidaria Madre Coraje pro proyecto "Escola Feliz"

La primera noticia que tengo de esta pequeña, pequeñísima carrera, es a través del Centro Cultural Lusófono, asociación donde soy tesorero. Se trata de una entidad sin ánimo de lucro, cuyo objeto es la divulgación de la cultura portuguesa, aquí en Sevilla.



Bien, la carrera tiene un fin solidario: recaudar fondos de cara a construir una escuela en Mozambique, país de habla portuguesa por cuestiones coloniales. De ahí que la info llegase a la asociación. Y obviamente todos los focos se pusieron en mí, ya que soy  “el que corre”.



Tratamos de poner en marcha un evento para movilizar a más asociados para asistir a la prueba, corriendo o animando. El éxito fue escaso, sólo participamos dos… ¡pero qué dos!



El caso es que mi ánimo para correr la carrera tampoco era el mejor. Viniendo de la maratón, con dos semanas muy relajadas y recién comenzando un plan de 10.000 metros para las carreras populares del IMD, pues no me cuadraba mucho correr esta prueba. Por tanto voy con el ánimo de hacerla de forma suave, ya que el domingo me tocaban series largas.



Pero desde hacía días, había cierto runrún, ya que se veía poca gente inscrita, y la mente es libre, y sueña. ¿Y si la disputo? Los humos se me bajan un poco al ver, por Facebook, que al evento hay varios inscritos que son buenos galgos. Así que tranquilidad y a pensar en lo que hay que pensar, entrenar.



Para quitarme la idea de la cabeza, que me conozco, me presento en la carrera con vaqueros, zapatillas casual y me siento en un banco del Parque del Alamillo, al sol, a verlas venir. Obviamente en el coche tengo mi ropa de “entrenamiento”: mallas piratas, zapatillas trotonas, y camiseta de fútbol holgadita de Portugal (ya que defendía los colores del Centro Cultural Lusófono).



Llega Pau, la otra asociada. Viene bien equipada…para tomar unas cervejas. Y me confirma que va a correr, pese a venir con falda de gasa, pantys y zapas casual, para su debut. Pau es especial y lo demuestra en todo. Incluso dice que quiere salir a mi lado. Me cuesta un poco hacerle ver que se la pueden llevar por delante y no será hasta última hora, con los nervios de la salida, cuando me haga caso. Bueno, un poco de caso.


Pau y un servidor con equipaciones tope de gama.


Los prolegómenos los pasamos de cháchara. Explicándole cosas de las carreras, y me doy cuenta de lo friquis que somos los corredores. También saludo a amigos como José Luis Olivares o Antonio Pérez. El ambiente es extremadamente relajado.

Son las 9:15 y sigo en vaqueros. Queda un cuarto de hora para la salida. Voy caminando a buen paso hacia el coche, y aunque ya lo había hecho con anterioridad, hago una visual, moviendo el hocico en busca de caras conocidas, de galgos, de rivales. Esta oteada general me hace subir el pulso. ¿Salgo a por todas?



La carrera

La salida se retrasa, el médico no ha llegado y no quieran dar el tiro sin él. Se nota que los que estamos allí somos corredores, pero no hay ganadores. Me explico. No seríamos ni 70 atletas y todo el mundo hablaba en corros. Nada de gente haciendo progresiones, pegando saltitos, en fin…Ni yo mismo, que ya estaba decidido a disputarla. Simplemente trotaba ligeramente. Los que allí estábamos, solemos enfrentarnos a la autosuperación, y no pensamos mucho en competir por ganar una carrera o ganar a alguien en concreto.



Por fin avisan que se va a dar la salida, casi media hora de retraso. Me coloco, sin ningún tipo de problema en primera fila. No conozco a los que tengo alrededor, tampoco sé como me voy a encontrar. El jueves había hecho un controlado, el viernes descansé porque tocaba. Vamos que no había hecho ningún tipo de preparación especial para la prueba.



Con estas premisas, me digo que salgo con los de cabeza, y que viendo el ritmo, si en el primer o segundo kilómetro veo que van a mucha tralla, bajo el pistón, y el dominguito series, como decía el plan.



Se da el tiro, y salgo tras los primeros. Se ponen dos atletas a tirar, tras ellos otra pareja, y yo a la zaga. Cierro el primer grupo, arropado. Me coloco ahí a posta, en la barrera. Primera mirada al Garmin, vamos a 3’40”. Vamos a ver. De golpe un primer bajón, 3’45”,  y otro bajón 3’50”, bendito Garmin. Apenas llevamos recorridos 400 metros y ya se ha bajado el ritmo ostensiblemente.



Miro atrás y ya viene otro grupito, en el que va Antonio Pérez, un súper veterano de 60 años, un clásico del atletismo popular sevillano. Cuando lo veo ahí, me digo, vamos lento.



Cual buen conductor, me abro a la izquierda y adelanto. Le pego una patada al árbol, a ver cuantas manzanas caen. Esta sensación, no hablo de la física de cambiar el ritmo, sino la de estar tú el primero, ver que no hay nadie por delante de ti, que lideras, soy sincero…me dio algo de vértigo. Es la imagen que más se me ha grabado en la retina, en el pensamiento. Esas primeras zancadas sin nadie delante.



El leñazo hace que nos quedemos sólo tres, y pronto seríamos dos. Esto me da mucha tranquilidad. Me digo, a las malas soy segundo. Y todo esto dentro del primer mil, que pasamos a 3’48”, con los parones antes mencionados.



Mantengo la intensidad en el segundo mil, 3’38”, ya que veo que el atleta que me acompaña va ligeramente separado de mí y que va menos cómodo. Encima, nos acompaña un voluntario en bici, que nos hace de guía, amén de marcar quién es el primero. Pues bien, a este voluntario le conozco desde hace…puff 20 años? Puede ser. Me habla y yo le respondo. A mi esto me resultó positivo, porque el otro atleta iba más achuchado, y supongo que diría “y el tío este va hablando”.



Este ritmo ya le hace daño y se abre una primera brecha. No son muchos metros, pero ver que cede me anima. Obviamente sé que el ritmo es un pelo alto, o por lo menos no sé si lo voy a poder sostener. Viniendo de una maratón, hace poco más de 3 semanas, ponerte a correr a tope una carrera de poco más de 6k, no es lo más indicado.

Paso 1ª vuelta.

La diferencia se estabiliza. Pasamos por meta por primera vez, son dos vueltas, y me da la sensación de que se me acerca. Quizás él apretó. K3 3’42”. Hago un nuevo cambio, para ver si rompo definitivamente el tema. K4 3’35”. El hueco se abre irreversiblemente. Le pregunto a Diego, el de la bici, que qué cara lleva el de detrás, y me dice que se va riendo, ¡qué mamón!




Meta.
En un giro de 90º ya le veo bastante más lejos. Cierto relax y bajo de nuevo el ritmo, tenía claro que a 3’35” no terminaba, además para qué. Empiezo a doblar a gente, y lo poco que queda a meta lo disfruto bastante. K5 3’40”, y ya con la victoria en la mano y con algún gritito, el último mil a 3’45”.



Aplausos, vítores, la megafonía diciendo que ahí viene el líder, escuchas tu nombre... Aún siento cierta sensación de incredulidad. ¿Podía estar pasando aquello? Increíble, increíble.

Os dejo, además , fotos del podium. Un gran momento, y un enorme honor compartirlo con el gran Antonio Pérez, que en un precioso sprint se hizo con el tercer puesto. Segunda posición para Eloy Dalí, que lucho lo suyo.


viernes, 28 de febrero de 2014

2h53m18s inolvidables



Instantánea reflejo de meses de trabajo.


Iros a por un Colacao con galletas, que esto no va a ser cortito.

PROLEGÓMENOS

Sonó el despertador, 6:40. Había dormido bien. Casualmente la noche anterior dormí mucho peor y me acosté con sueño. Desayuno, media tostada con aceite, un trozo de bizcocho casero (hecho por el menda lerenda) y un batido a base de muesli, un plátano, 2 galletas integrales y leche. No me lo bebí todo.



La mochila preparada desde el día anterior, me visto y  tras bichear algo Internet y oír algo música por los auriculares, pongo destino al Estadio Olímpico. En el coche más música, Rock FM. Aparco con mucha fortuna, casi a las ocho en punto, a 200 metros del Túnel Norte del Estadio Olímpico. Así que decido que ni guardarropas ni nada, todo en el coche y la llave en el bolsillo de las calzonas.



Paseo, bien abrigado, por los aledaños, pero alejado de la bulla. Veo a José María Coronilla, nos abrazamos y comentamos brevemente nuestros objetivos. Los nervios van aflorando y no queremos estar mucho tiempo con los pies quietos. El sigue con su trote y yo, tras caminar un poco más, vuelvo al coche para cambiarme.



Ya llevaba la ropa de corto puesta desde casa, sólo faltaban las medias de compresión, el pulsómetro (no llevé el dato en pantalla del Garmin, pero me guardo la información para posteriores análisis), me pongo las zapatillas de los domingos (K-Swiss Kwicky, magníficas) y viendo que hacía fresco y no sabía si se iba a demorar la salida o qué, me pongo también un buff mojonero y unos manguitos para los brazos. Tenía en mente dejárselos a mi hermano o a mis padres si después me sobraban. Además me pongo una camiseta de manga corta desechable.



Llega el momento de comenzar a mover la maquinaria, previo paso por boxes para aligerar cargar. A un trote súper suave me voy acercando a la zona salida, no habrá mucho más de un kilómetro. En este tramo me ajusté hasta tres veces la zapatilla izquierda, y me recoloqué la media de ese mismo pié. Además, puntualmente, paraba a hacer algunos ejercicios de movilidad, especialmente de cadera. Al fin llego a los cajones.



LA SALIDA

La zona es un hervidero. Se habían vendido los 9.000 dorsales a finales de noviembre, pero imagino que allí habría bastante menos gente. Mi dorsal es el 918, lo que me da acceso al cajón azul, es decir, para los que vamos de 3h a 3h15m. Este cajón se me asignó ya que al apuntarme presenté como marca las 3h05m del año pasado. Al obtener en la Media Maratón de Córdoba 1h20m, pude acreditar esta circunstancia en la Feria del Corredor de la maratón y me pusieron una pegatina verde y un sello encima del Ayuntamiento de Sevilla, por lo que podría tener acceso al cajón de 2h45m-3h. Un problema menos que tener en la cabeza. Salir con gente a tu alrededor de tu mismo ritmo lo veo algo fundamental y una cuestión de seguridad para todos, y más con tantos atletas.



Voy avanzando por el lateral de las jaulas a trotecillo. Hay mucha gente, muchos acompañantes. Finalmente llego a mi cajón. Primera sorpresa, no hay nadie controlando el acceso. Creo que hay poco más que contar. Aquello era un pitorreo absoluto. Además a los diez segundos de llegar, veo que todo el pelotón avanza cual tsunami y me arrastra. La separación entre cajón y cajón es una cinta de plástico. Cutre total. Ni control de acceso, ni separación “real” entre cajones. Dude un instante si salirme del cajón y avanzar por fuera hasta el siguiente. Pero quedaba poco tiempo y decidí quedarme. Mucha tranquilidad, me decía.



Suena Eye of the tiger, y luego Highway to Hell (canción seleccionada por encuesta entre los atletas para ser la última), tiro la camiseta de manga corta. Cierro los ojos, trato de solo oírme a mí mismo, mi respiración. Son sólo unos segundos, no puedo parar de pegar saltitos, por los nervios, que trato de acompasar a las guitarras de AC·DC.



Al fin el tiro, al fin. Momento de soltar adrenalina, pero de forma controlada. No tengo más remedio que empujar y dar algún que otro codazo. Me llevo algún insulto, pero me tengo que morder la lengua, calma. Si te hubieses colocado donde te corresponde nada hubiese pasado, pienso para mis adentros. Por fortuna no son muchos los metros que pasas zigzagueado, sirven para soltar nervios. Vamos a cumplir el primer kilómetro.



DEL KILÓMETRO 1 A 10

Dentro de los primeros mil metros alcanzo a José Manuel Espinar, que pequeño es el mundo. Nos animamos, nos damos la mano, nos deseamos suerte. Me alegro mucho de tu carrera, amigo. Seguimos. Tras un primer mil en el que pierdo algunos segundos, pocos, sobre el ritmo buscado, 4’05”, trato de pillar el crucero. Se produce un primer embudo y la cosa se complica un poco, sigo pasando a muchísima gente y en un par de giros me encuentro algo atrapado. Ronda Triana va atestada de atletas. Ya noto que hay mucha gente en la calle, mucho ánimo, muchos aplausos y se oyen bocinazos con mucho arte.



Pierdo poco tiempo. De golpe veo que me acerco a un globo, ¿qué globo? El de las 3h. Fue complicado superar al enorme pelotón que iba tras él. Tras hacerlo ¡qué gran alivio!, al fin campo libre, sin toquecitos, roces, ni nada.



Giramos para llegar a Virgen de Luján y tiene lugar un momento emblemático. Veo un corro de atletas que parlotean de una forma muy dicharachera, imposible no enterarse de qué hablan. Van en plan guardaespaldas del Señor Abel Antón, sí, sí, Abel Antón. No tengo por más que ralentizar mi ritmo por unos instantes, lo escaneo de arriba a bajo, sí, es él. Les comenta que va a ritmo de 3h hasta la media maratón, y que luego ya verá. Iba delante del globo de las 3h. Tras grabar el momento en mi mente, vuelvo a mi rollo.



Cruzamos el río y embocamos la Torre del Oro, Paseo de Colón y la Avenida de Torneo. Lo más reseñable de esta larga recta es que hay un ligero viento en contra. Pero aún hay muchos atletas y es fácil resguardarse.

Con ganas de cachondeo
Primer gran subidón , Barqueta. La animación es enorme. Es el primer punto en el que familiares, amigos y acompañantes se pueden acercar tras la salida. Es poco más del kilómetro 9. Banderas de multitud de países, gritos, bocinas, aplausos. Es como en las cimas de El Tour, vas por un pasillo estrecho rodeado de gente que solo tiene la intención de empujarte hacia delante. Los vellos de punta.



Nos acercamos al kilómetro 10, momento de una evaluación. El ritmo no es malo, pero sigo sin ir fino del todo, como si siguiese frío. Pero a lo tonto ya me he comido un cuarto de la maratón, me digo. Y en breve llegarán los refuerzos.


DEL K10 A LA MEDIA MARATÓN

Abandonar la Avenida de Torneo, es un pequeño alivio. No ya por el viento, sino porque es larguísima y salvando el punto de Barqueta, es bastante aburrida. Ahora sólo miro al kilómetro 13. Allí me esperan mis padres y mi hermano, que me hará de escudero hasta meta en bici.



El año pasado es este punto me emocioné muchísimo, sin embargo este año fue menos. ¿Por qué? Pues no lo sé, ni lo uno, ni lo otro. Creo que pudo ser porque estaba deseando ver a mi hermano. En 2013 no estuvo ni un kilómetro conmigo, pinchó la bici. ¡Ya es mala pata! Pero este año no, y menos mal.



Nada más encontrarnos me da palique, eso es bueno. Le hablo poco, pero me reconforta que vaya ahí. Ya no me tendré que preocupar de los puntos de avituallamiento, aunque los seguiré usando, y él lleva los geles. Tres en total, dos de Decathlon, que los había usado y testado en las tiradas y otro que regalaron en la Media Maratón de Huelva. Este último lo llevaba en caso de emergencia.

Foto tomada por mi hermano antes de la primera pedalada


Las sensaciones mejoran, por esta zona da más el sol y va subiendo la temperatura. Sigo muy entero, incluso tengo que frenar un poco de vez en cuando. Llega el kilómetro 15 e ingiero el primer gel.



Al poco se me acerca un tío, un desconocido. Yo iba pensando en dónde tirar el botecito del gel, al suelo no, y mi hermano se había quedado algo atrás, ya que había un control y un nuevo embudo de gente animando. Me cogió de improviso esta inesperada visita. Se me pone a correr al lado un tipo en chandal, creo recordar, y que me llama por mi nombre. Al fin le reconozco, es Jaime Gallego. Conozco a este zagal del Foro de El Atleta desde hace varios años y nunca nos habíamos visto. ¡Qué grande! Lo abrazo en marcha, compartimos unas palabras, me acompañó 200 metros. ¡Y cómo están las cabezas! Le digo si me puede hacer un favor ecológico-solidario, me dice que por supuesto, y le digo que si me puede tirar el bote de gel a una papelera. Juas, qué ridículo, ¿no?. En cualquier caso me alegro un montón de este fugaz encuentro. Ojalá podamos encontrarnos otra vez y así hablar más tranquilamente. Pero esos 200m no los olvido, amigo.



Las piernas empiezan a fluir, a pedir caña. Además llevo un rato acompañado de dos atletas de Almansa, que me dan conversación. Sigo pensando que es pronto. Ya llevo el ritmo crucero, pero las piernas quieren más. Subimos por Luis Montoto, me saluda Marcos A. Macarro, ya tenemos la misma marca en Maratón, ¿no? y las piernas van chisposas. Quizás el gel sea el que provoque esta sensación, pienso ahora.



Llegamos a Kansas City, a la avenida guasones. No sé por qué, pero ésta, al igual que la Avenida de la Palamera, se me atragantan siempre. Me centro en que estamos cerca de la media maratón. Allí veo yo, más que verme él a mí, a Rubén Romero, gracias por tus ánimos, ya mismo estás corriendo una de éstas. Paso la MM en 1h26m. Hago la multiplicación rápida y sonrío.



DE LA MEDIA MARATÓN AL K30
Tras pasar el ecuador le quito los topes a las piernas, y se me van solas. Es como si me hubiese quitado una mochila física y mental de encima. Había sido muy cauteloso hasta el momento y me sentía confiado de que era el momento.



Una prueba de ello, de mi autoconfianza, es que poco después de este punto alcanzo a un grupo al que voy superando poco a poco. Me tocan el codo, es un conocido de las carreras, solemos terminar cerca. Me comenta que no tire, que me acople, que van a 2h57m. Tras un segundo de mi boca sale la siguiente frase: hoy quiero un poquito más.  Nos deseamos suerte, le digo que si me vuelve a ver que me remate, y sigo mi marcha.



Empiezo a hacer parciales a cuatro pelaos e incluso por debajo. Voy pletórico, no paro de preguntarme si me estoy pasando. Pero las piernas mandan, salvo en determinados puntos en los que veo que se me va mucho la pinza, un kilómetro a 3’54”, y debo frenar sí o sí. Vuelvo a ver fugazmente a Jaime Gallego. Ya le veo sin sudadera, está de asistente ayudando a más compañeros, seguro. Me anima.


Ahora viene un mini test para ver cómo van las piernas, la Avenida Ciudad Jardín dirección Gran Plaza. No es nada dura, pero pica ligeramente hacia arriba. Subo sin problemas, no me resiento para nada. Y encima hay una banda de punk a media avenida animando al personal. Esto es un espaldarazo tremendo. Y sigo con unos parciales buenísimo.



Voy sólo, como en toda la carrera. El hecho de salir en mi cajón creí que me iba a dar la oportunidad de encontrar un buen grupo, pero como la cosa fue como fue, no paro de pasar a gente todo el rato, amén de que voy en ligera progresión.



En un pispas estoy recorriendo Manuel Siurot. Creo que son los mejores kilómetros. Estoy casi en el 30 y se me ha pasado esto volando. Lo que me saca de este estado de éxtasis es que empiezo a notar cierta ofuscación. La zancada, el ritmo, parece igual, pero las sensaciones no. ¡Camarero!, un gel por favor. El segundo al buche.



DEL K30 AL K35

Me empieza a fallar algo lo psicológico. El pequeño bajón en las sensaciones coincide con la llegada a la Avenida de la Palmera. Pero me salva el hecho de que sigo pasando a gente. Llego a un grupo y pienso en descansar un rato y evaluar. Pero sin darme cuenta ya voy en cabeza del mismo. Se me pega uno, pero rápidamente le dicen –déjale, déjale que va muy rápido.



¡Qué larga es la Palmera joé! Entramos en el Parque María Luisa y parece que se me encienden otra vez todas las luces y todo vuelve a rular perfectamente. ¿Estaría funcionando también el gel? Hay un circuito interno con varias curvas enlazadas que voy trazando cual formula 1, de vértice a vértice. Me divierto. Ya se empiezan a ver cadáveres, caras desencajadas y comentarios incoherentes. Yo sigo bien, incluso me volvió la chispa.



Llegamos a la Plaza de España, aquí el año pasado El Tío del Mazo me endiñó, y sin embargo esta vez estaba bien. Además iba buscando al amigo José Luis Olivares, que debía andar cerca. Lo encuentro en la salida del parque y encima acompañado de Ángel Prieto, ¡vaya dos! Me animaron muchísimo, además con guasa: ¡pero si va sin respirar!..., ¡ese tío va dopao! ¡Qué cabrones! La verdad es que iba súper pila, como diría el maestro Ángel Nieto. Lo veía hecho y la moral resurgió.

Sin noticias del Tío del Mazo

Llegamos a la zona centro de la ciudad. Aquí me hermano va a desaparecer. Era algo que ya habíamos comentado. Seguramente estaría muy restringido el acceso y teníamos hablado que se dirigiese directamente a Barqueta, si finalmente no le dejaban pasar. Cuando recorríamos la Calle San Fernando me dijo que si quería algo, por si le paraban, y le dije que no. ¿Fue un error?



DEL K35 A META

Vuelvo a usar una frase hecha: el mundo es un pañuelo. En la propia Calle San Fernando veo delante a un atleta al que reconozco rápidamente. Es, curiosamente, el mismo atleta con el que me hice buena parte de la maratón del año pasado. Va acompañado de un compi de club y en Puerta Jerez ya estoy con ellos.



Aquí tengo un pequeño rifirrafe con otro atleta en la curva con la que encaramos la Avenida de la Constitución. Se queja de que le estoy empujando hacia los raíles del Metrocentro y yo que me empuja hacia el público. En fin, no hubo mucho más. Un par de palmadita y pa’lante.



Pasamos junto a la Catedral, kilómetro 35, punto de avituallamiento. Aquí de nuevo la cosa se empieza a torcer, y ya no se recuperará. Sigo a buen ritmo, pero el declive está cerca. Continuó con este atleta un poco más, no mucho. Por calle Tetúan me descuelgo ligeramente y me doy cuenta de que los que iban con él también han desaparecido.

Estaba con en esa sensación de que te vas a pegar una ostia, en esas milésimas de segundo en la que flotas antes de caer. Hasta el kilómetro 37, paso El Duque, Trajano y recorro la Alameda, mantengo el ritmo, no sé ni como. Pero llego a Calatrava y ya empiezan a caer los segundos y las rodillas a no querer subir del sótano. Miguel (Carpe), que me acordé de ti en esos 50 metros antes de salir otra vez a Barqueta.



Sigue habiendo mucha animación en este punto, aunque menos ya que algunos estarán ya en el estadio esperando a los suyos. Yo por mi parte recobro la compañía de mi hermano, que me espera en el puente. Supongo que fliparía al ver como me había cambiando el semblante. Le hago el gesto con el pulgar hacia abajo e inmediatamente le pido el gel. Su eficiencia será nula y además casi me ahogo al tragarlo. Era extremadamente pastoso y se me quedó en la garganta de mala manera.



Me sorprendía el ritmo, me movía entre 4’20” y 4’30”, digamos que no perdía mucho, pero tenía la sensación de ir a 6’. Los kilómetros se me hacían eternos. Llegamos al Parque del Alamillo y  Javigan me anima (¡Puta mierda!, ¿Otra vez, tío? Mucho ánimo).



Por fortuna mi hermano no para de hablarme, de animarme. Esto no tiene precio amigos. Incluso me dijo que si quería amarraba la bici y se ponía a correr a mi lado. Le digo que no. Tengo la tranquilidad de que bajo de tres horas, mi objetivo fundamental, y eso hace que la agonía sea sobretodo física, mentalmente tener ese colchón ayuda mucho. Pero me niego a abandonarme. ¿Volvería a tener una oportunidad igual?



Aprieto los dientes, no tengo chispa alguna, cuadriceps vacíos. Pero sigo en ritmos decentes. K40, último punto de avituallamiento, cojo el tercer vaso de agua, los otros dos se me caen, y me lo arrojo en la cara y la nuca. Se me empapa el buff y se lo doy a mi hermano.



Paso atletas, otros me pasan. K41, ¡está hecho, está hecho! –berrea mi hermano. Escucho que viene un grupo gritando, enfurecidos. Van 3 o 4 atletas de un mismo club, más algún agregado. Me pasan fácil y trato de engancharme, un kilómetro sólo- me digo. Pero no puedo, intento seguirles aunque sea con la mirada, pero se suben por la cara a la acera y pegan un recorte de órdago. ¡Qué manera de estropearlo, colega! –pienso. Yo sigo por el asfalto, como no puede ser de otra forma. Mi hermano se despide de mí, le digo que me espere en el Túnel Norte. Pedazo de abrazo que le di al salir.



Emboco la última recta antes del Túnel Sur, miro la esquina donde el año pasado tuve que parar a estirar. Bajo la rampa dejándome ir, no tengo intención de tirar, sprintar ni nada, con mantener es suficiente. Eso sí, la primera zancada en el tartán te impulsa y cojo por inercia la calle uno, nadie me la va a quitar. Se escucha un murmullo en el estadio, la emoción brota por todos los poros. Miro arriba, por contrameta, y veo el videomarcador, va por 2h52m. Me digo a ver si no paso de 2h53, me quedan 200 metros.


100 metros, la meta al fondo. Relax absoluto, recorro la recta haciendo el avioncito, me da igual que me caigan dos o tres segundo más. 2:53:50 en el marcador, 2:53:18 tiempo real ¡Al fin la recompensa!



POSCARRERA

Cruzo la meta y deambulo un rato, sin mucho sentido, buscando algo con lo que abrigarme, y pidiendo algo de beber. El primero que “me encuentra” es el atleta con el que la fortuna me ha hecho coincidir en las dos últimas maratones. Se preocupa por mí, me ve blanquito, blanquito, pero estoy bien. Gracias Mani, gran detalle el tuyo.



Veo a más amigos, entre ellos a Nacho Filoso, que no anda contento. Me hago una foto con él. Sin mucho más me voy al gélido túnel para ver que puedo cazar. Algún dátil, isotónico, agua, Nestea… ¡ya lo podían dar todo en una bolsa! ¡Que estamos tiesos y sólo tenemos dos manos! Mi objetivo número uno es llegar hasta el coche para abrigarme y ver a mi hermano. El paseíto fue costoso, doloroso. Las piernas van como palos y algún gesto raro me hace casi acalambrarme.



Al fin la luz al final del túnel, chiste fácil, y mi hermano me espera. Abrazaco que le doy. Sin duda sin él no habría sido igual. ¡Gracias David! Un poco de cháchara mientras me abrigo, me hidrato, chasco algo y estiro lo que puedo. Nos despedimos. Me monto en el coche, no sin dificultades. Me siento y me invade una sensación de absoluta satisfacción y tranquilidad.

Dorsal dedicado y regalado a mi hermano. ¡Grande!



EPÍLOGO

Bueno, llega el momento de hablar de reproches, sensaciones, futuro y todas esas cosas que te van surgiendo en las horas y días posteriores a la prueba.



Reproches tengo pocos. Creo que hice lo correcto con la estrategia de carrera. Salir con calma, buscar el ritmo crucero, el entrenado, con tranquilidad y tirar hasta el final. Quizás fui demasiado osado en determinados puntos, especialmente de la media maratón al kilómetro treinta, pero iba “rey”. Tampoco creo que esos mini alardes supusiesen un peaje excesivo, ¿quién sabe?. Obviamente es idílico terminar fuerte y llegar al estadio tirando y haciendo el kilómetro más rápido. Pero esto es harto complicado. No me pongo penitencia.



Algo que sí cambiaría sería sin duda el tema de los geles. Debí llevar alguno más de “los míos” para tomarlo en el 35. Pero esto son meras conjeturas. De todo se aprende y nada es perfecto. Cuando me vino el bajón fue porque tocaba, no le doy mucha más vueltas, aunque sí creo que un acelerante fue el hecho de pasar por toda la zona peatonal del casco antiguo. Ese acerado y adoquinado, aunque sea nuevo, a estas alturas hace daño. Es el precio que hay que pagar por pasar por esa zona tan bonita, y se asume con gusto.



Tengo la sensación global de que la carrera ha sido cuasi perfecta. ¿Podría haber obtenido algo más de esta carrera? Es posible, pero creo que poco más, muy poco, a lo sumo un minuto quizás. Un minuto es mucho o poco, según se mire. Pero dado como afrontaba la prueba (leer mi entrada anterior), mi satisfacción con esta marca es plena.



Ahora tocará evaluar si hay que volver a enfrentarse a la Maratón para seguir rascando. A día de hoy, como he comentado, estoy lleno, satisfecho con lo que hice. Y dado que la maratón no es una prueba que me embruje, dar carpetazo aquí no me dejaría mal sabor de boca. Es más que plausible decir que existe capacidad de mejora, como todos la tenemos, pero para hacerlo hay que seguir en un gran estado de forma, incluso mejorarlo, con mayores sacrificios y esfuerzos.



Esto, a día de hoy, no creo que esté disposición de decidirlo, y menos para hacerlo de forma definitiva. Pero creo que será clave ver como inicio la siguiente temporada, colmar mis expectativas en media maratón, que siempre me motivan más, y en noviembre evaluar. Evaluar si la vuelves a correr y con qué intención. Evaluar si correrla completa a tope, darte el gustazo de volver a bajar de 3h, correrla más relajado por disfrutarla, ayudar a un amigo (esto da una satisfacción tremenda), o directamente pasar. Y ya no hablo de Sevilla, sino de ir a otros sitios a probar, me encantaría, aunque en este caso el tema económico es un gran freno a día de hoy.



Ahora, en los siguientes meses, tocará aprovechar el buen estado de forma para acometer retos de menor distancia. Las pruebas del IMD y otras populares serán el entretenimiento de aquí al verano.



Bueno, seguro que se me queda algún detalle en el tintero, aunque no lo creáis, y tengo la certeza de que mañana o pasado, alguna idea me vendrá a la cabeza. Pero creo que ya van bastantes líneas escritas, si bien la ocasión lo merece.