domingo, 31 de octubre de 2010

Olivares, sabor agridulce

La verdad es que cuando me acosté el sábado por la noche no tenía muy claro si iba a correr en Olivares o no. Todo la jornada había estado lloviendo, con algún que otro chaparrón intenso, sobretodo a la noche. Además estaba el jaleo del cambio de hora, pero lo hice bien y me desperté a la hora correcta.


A las ocho estaba en planta y simplemente al mirar hacia la persiana comprobé que no estaba cubierto, al menos no tanto como el día anterior. Finalmente salí a la calle y vi que el día estaba bastante despejado y el sol lucía. Lo peor era que el viento frío y racheado.

Esto se sumaba a las dudas que ya tenía con esta carrera. Ahora que estaba pensando en correr una media maratón y estoy metiendo más sesiones de entrenamientos con mayores kilometradas, meterme entre pecho y espalda un 10.000 era algo a lo que le tenía respeto. Obviamente el tema no era que pudiese correr 10k, sino que que si me levanto un domingo temprano y voy a una carrera voy con todas las consecuencias, es decir a competir. Tenía cierto miedo a que ello pudiese afectar a mi preparación en forma de lesión o molestias o que me dejase muy cansado y la próxima semana de entrenamientos tuviese que ser suave. Pero por otro lado quería medirme, exprimirme ya que llevaba mucho sin competir y tenía de ganas de correr con gente, que últimamente estoy entrenando “solatera”.

El caso es que desayuné y me preparé para marcharme. Nada más salir a la calle me di cuenta que el protagonista del día iba a ser el dios Eolo. Llegué pronto, una hora antes, me hice con el dorsal y me volví al coche para escuchar algo de música, ya que no apetecía nada estar en la calle, que delicaito estoy.

Faltando 20 minutos para empezar me puse el traje de luces y salí al trote. Me alegró ver a Fran Castillo Limón, que durante unos meses fue compañero de equipo en Grupo 10 y con el que compartí grandes entrenos. Me contó que ahora está al cargo de los niños del C.A. de Olivares.

Me situé bastante bien y se dio el tiro. Como casi siempre y casi todos salimos por encima de nuestro ritmo, primer kilómetro 3'43”, jujuju, para muchacho -me dije-. Me sorprendió que fuésemos a ese ritmo, pensé que debíamos llevar el viento a favor, porque no lo sentía. Eché el freno, pero pensando precisamente en el viento pensé que sería conveniente buscar un buen grupo.

Alrededor marchaban dos mujeres, ambas acompañadas por compañeros de sus clubs, así que aceleré algo para acercarme al grupo. La verdad es que era conveniente ir en compañía, pero había tantas curvas, muchas de 90º grados que los toques y empujones entre los que cortaban por la acera y los que no eran constantes y era un engorro. Con estas pasamos el K2 a 3'49”.

Voy muy por encima de mi ritmo y sé que lo voy a pagar, pero ahora el viento pega y hago un esfuerzo para seguir con el grupo, pico a 3'58” y las alarmas saltan cuando atacamos una cuesta. Estamos volviendo hacia meta y ahora vamos subiendo, está claro que los dos primeros kilómetros fueron favorables, el ritmo lo cantaba, pero no lo supe ver.

Con estas cuestas se desata la guerra entre las chicas. Una de ellas pega un serio hachazo, el grupo se rompe y yo ya sé que mi ritmo irá a menos, así que me quedo con la chica que va más lenta y que va acompañada por ya sólo un compañero. Intento arroparme entre ellos, el viento arrecia, pero el chico se viene abajo y ya no existe grupo como tal. Entre toboganes y ventolera ya no existen grupos. Todo es un hilo de corredores que van por donde pueden.

Se me olvidó comentar que la prueba consistía en dos vueltas de 5 kilómetros. Yo ya entiendo que voy a sufrir, aún no terminó la primera vuelta y ya sentía cierto agobio. K4 4'19” pienso seriamente en retirarme. Empezaba a no verle sentido terminar la prueba, pensaba en que era mejor parar y entrenar bien mañana. Pero por otro lado pensaba que nunca me había retirado en ninguna prueba y que había corrido con molestias y dolor, y aquí estaba sufriendo, simplemente sufriendo por haberme excedido al principio. Decido atarme los machos, apechugar y llevar un ritmo sostenido, daba igual que me adelantasen, traté de transformar lo que quedaba en un “medio entrenamiento”.


Sigo con la chica, le cantan que es la 3ª, he iniciamos la segunda vuelta. No veo el K5, y en el K6 pico 8'39”, haciendo una media simple pues a 4'20”. Lo que queda es aguantar me digo, me dejo llevar un poco en la zona favorable y aprieto los dientes en los tramos de pendiente y sobretodo por el viento. K7 4'13”, K8 4'24”, K9 4'38” y K10 3'55. Este último kilómetro no se debe interpretar de que yo apretase o esprintase, sino que los kilómetros debían estar mal situados. A ver si alguien confirma que la prueba tenía 10K, no se lo pude consultar a nadie que llevase un Garmin, porque nada más terminar me fui al coche para cambiarme, que estaba “arresío”.

Tiempo final 41'41”, media 4'10”, si me quedo sólo con eso, dado el perfil de la prueba y las condiciones meteorológicas me debería dar por satisfecho, pero por otro lado creo que para obtener dicha marca hay diversos caminos y yo escogí el peor. Empezando por encima de mis posibilidades, y no sólo eso, sino que seguí empujando a sabiendas de que iba a morir si seguía por ahí. Digamos que estoy contento con el resultado pero no con las formas.

Sólo espero que esta prueba no me deje ninguna secuela física de cara a mi objetivo antes de fin de año, la Media Maratón de Córdoba, a finales de noviembre.

Por cierto la chica, de apellido Espada, lo llevaba escrito en la camiseta, terminó por delante mía, pese a no necesitarlo subió el ritmo en el último mil. Espero que obtuviese el tercer puesto y le aconsejo que se busque otros gregarios, porque no le aguantaron ni una vuelta, jaja.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Albaida con un sabor especial



Me presenté en Albaida con la mente en una cosa (reciente despido) y las piernas poco entrenadas. Llevaba un par de semanas sin ganas de nada y los entrenos se habían resentido. Además no había hecho nada más allá que rodar y rodar a ritmos muy cómodos. De hecho días antes rodando con unos compis terminé algo mal un rodaje de 8km a una media de 4’40 y donde el último kilómetro salió a 4’25.

Con estas me presento en Albaida con la única intención de bajar de 4’30. De hecho me encontré algún conocido, ex Grupo 10 como yo, y me invitó a unirme a él que iba a ir a 4’10. Obviamente decliné la invitación, demasiao pal’body.

Antes de la carrera ví a Carpe y Ruzmelín además de algún otro compañero de Club Maratón Marinea, y al finalizar a Alauita, todo un honor, ya que asistí a su estreno como “Los lentos de Torreblanca”.

Después de esperar un huevo, porque llegué temprano, se dio la salida. Me coloqué muy bien, lo que me permitió alcanzar un buen ritmo desde el principio, nadie me estorbó y quizás yo fue el estorbo, ya que pasado el momento adrenalínico de los primeros 150 metros bajé el pistón.

Tras la segunda curva, donde muuuuuchos atletas cortaba metros, ya la cosa se empezaba a estabilizar. Alrededor ya se veían los que a la postre serían mis compañeros de fatigas. Ya en este punto no me pasó nadie y si lo hizo yo le volví a rebasar posteriormente.

Yo iba a atento para ver los puntos kilométricos, pero estaba claro que no había nada marcado. Pasamos la primera vuelta y ya somos sólo éramos un grupito de 4 atletas poco organizados. Un compañero y yo marcamos el ritmo en la vuelta, bueno ritmo, no sé que ritmo, porque no tenía ni idea. Aquí se nos perdió un integrante que iba un poco a su bola, lo mismo te sacaba un metro que se marchaba dos atrás. Terminamos la segunda vuelta y el tercer compañero toma el relevo. Yo ya siento que mi batería roza el límite así que no iba a hacer ningún exceso más.

Los compis cortan en la ya mencionada curva, yo sabía que lo iban a hacer, pero me dije – no, no -, y no corté. Me costó la vida recuperar esos 3 metros que perdí, pero los volví a cazar para seguir así arropado. En esta fase pasamos bastantes atletas, se ve que las energías se agotaban o bien nosotros íbamos muy rápidos

Llega la fase final y ya estoy vacío, me centro en mantener la cadencia con la vista fija en los compañeros, pero voy cediendo poco a poco, incluso uno de ellos se vuelve y me anima, pero yo ya iba un poco a la deriva. Al final sólo perdería 5 segundos respectos a ellos, pero eso me importaba poco, de haber llegado con ellos no iba a disputarles, me habían llevado genial la última vuelta.

La sorpresa venía ahora, con la boca abierta y las manos en las rodillas me dan el papelito de Ideain, 28’30”, media 4’04” para 7.000 metros. El asombro es mayúsculo. Veo que el compi de delante lleva un Garmin y me dice que a él le ha dado 6.900 algo, más tarde consultaría con otro, también me da una cifra superior a 6.900 metros.

En cualquier caso el resultado es increíble, he comenzado la temporada en Albaida con el mismo ritmo de competición con el que terminé en el PISA. No doy crédito, y soy sincero. Es más, pienso que de haber estado marcados los kilómetros habría echado el freno al ver el ritmo que llevábamos. Insólito.

miércoles, 28 de julio de 2010

Punto seguido a la temporada 09/10

Llevaba unas semanas sin escribir por pura pereza, pero retomo rápidamente el hilo.


Tras la carrera de en el polígono PISA puse punto final a la temporada. Una temporada muy positiva, llegando a cotas no esperadas ni buscadas y con la sensación de que todo ha salido solo y sin esfuerzo. Obviamente no ha sido tan fácil, pero la realidad es que no me he exprimido al máximo en los entrenos y he ido siempre a mi bola, con escasa planificación, y en base a ello he obtenido unos resultados inmejorables.


Un par de semanas estuve sin calzarme las zapas tras la Carrera del Pisa y ahí comencé a hacerle caso al fisio. Ya lo comenté en una entrada anterior, él me decía que estaba ganando mucha masa muscular y muy rápido, teniendo en cuanta que volví a correr en Noviembre de 2009. Su recomendación, por el mes de Abril 2010, fue la de entrenar con bajas pulsaciones sobre una hora o más, de hecho me dijo que sería ideal que no bajase de 5 min/km en dichos entrenos. Dado que aún tenía alguna carrera popular en mente y que me encontraba eufórico con los resultados que estaba obteniendo, no hice caso su consejo, posponiendo la aplicación del mismo hasta estas fechas.


Y eso es en lo que estoy ocupando ahora mi tiempo de entrenamiento. Rodajes suaves, sobre 1h a ritmos tranquilo. Mi idea es estar así unos 2 meses (como él dijo) con 3-4 sesiones de entreno a dicho ritmo. Creo que puede ser un buena base, a modo de pretemporada. Aunque siento la necesidad de meter algún entreno a ritmo más vivo por en medio.


Por ende no tendré mucho que contar de aquí a Septiembre, aunque creo que estas fechas pueden ser un buen momento para sacar recuerdos del pasado, explicar el nombre del blog o narrar alguna “gesta” de mi época de atleta de “estile”.


En breve narraré alguna cosa.

sábado, 19 de junio de 2010

VI Carrera del PISA. Fin de temporada.


Con esta última entrada pongo fin a la temporada. Tras cruzar la meta me sentí satisfecho, satisfecho por la carrera y por la progresión vivida desde el noviembre pasado cuando volví a los ruedos. Pensé que la última carrera iba a ser la de Carmona, pero salí tan contento con el resultado que sentí la necesidad de volver a medirme, ¿dónde? Pues en la VI Carrera del Parque PISA, en Mairena del Aljarafe.

Dos carreras en una semana, como si fuese un atleta de "estile". Obviamente la semana, en lo que a entrenos se refiere, había transcurrido suave, además sentía el cansancio en las piernas por las cuestas de Carmona y sabía que me arriesgaba a conseguir un resultado algo decepcionante en Mairena. Esta cuestión me hizo plantearme la carrera con el objetivo de tratar de alcanzar la misma media por kilómetro que en Carmona. Aunque ésto parezca un tema sin importancia, la tiene y mucha. Antes de esta carrera en todas había salido con la intención de divertirme, sin marcarme metas, y aunque para la Mairena pensaba igual, dentro de mi existía el deseo de obtener un buen resultado. De hecho durante la propia carrera ese equilibrio entre disfrutar por correr y sufrir por un resultado estuvo en discusión en mi cabeza.


Bueno, que me enredo. Tras un breve calentamiento y los pertinentes estiramientos me situé bastante bien, quizás demasiado. En la salida me vi sobrepasado por muchos atletas, muchos de ellos terminaron, a posteriori, detrás de mí. La prueba comenzaba ya con una subida fuerte, pese a querer tomármelo con calma el primer kilómetro pasó a 4'05". Me dije si has hecho eso con la cuesta es que vas rápido, ¡mantén! Aquí creo que estuvo uno de los momentos clave de la tarde. Muy pronto se rompió la carrera, apenas pasado el primer kilómetro ya me encontraba en una fila de atletas, sin grupos.

Pocos metros delante sí que había un grupo de unos 8 atletas, dudé si esforzarme por cazarlos o bien seguir con ese ritmo bueno que ya llevaba. El dilema se decantó por el hecho de no hacer el sobresfuerzo y reservar para tirar al final. Ahora, escribiendo estas líneas sentado en el sofá, creo que fue un error. ¿Por qué? Pues bien, al poco de tomar la decisión, al girar en una de las calles, me encontré con un viento que tuve que combatir en solitario. -Qué pena no ir con el grupo-, pensaba mientras los veía a poco más de 20 metros. En ocasiones ese viento ayudaba y en otras te frenaba notablemente, en función de los giros de la prueba.

La verdad es que dicho grupo siempre lo tuve al alcance de la mano, hasta que a 2 kilómetros del final el viento arreció en una de las avenidas, ahí la brecha se vio incrementada. Pero la lucha ya no era esa, ahora sabía que tocaba sufrir. Tras los múltiples toboganes del PISA, el viento más una dura cuesta me estaban haciendo mella. Sin embargo yo seguía pasando a gente, cosa que siempre anima - este está peor que yo-. Bien, el momento de crisis se traduce en picar 4'18" en el kilómetro 5. Esto me sentó fatal, veía que ese objetivo oculto, por el que quería y no quería luchar, se iba al traste y aunque ahora venía una generosa cuesta abajo donde recuperar, al fondo se veía otro subida importante.

Sorprendentemente la mente funcionó bien. Me dije -baja recuperando y echa el resto subiendo, es la última carrera-. La bajada me ayudó a recuperar el resuello y a acercarme, casi sin querer, a otros atletas. Comenzó la subida y apreté los dientes, pasé a un atletas, me dije: -vamos por el siguiente-, cambié con sorprendente facilidad y alcancé al otro atleta y lo adelanté, puse el punto de mira en el de más adelante y volví a subir un piñón más y ¡sorpresa!, el cuerpo aceptó el envite, no me lo creía.

Tirando cuesta arriba y todo iba bien. Kilómetro 6, pico, 4'00". ¡Buff subidón! A muerte hasta el final. Aún restaba un poco de cuesta arriba y luego terreno favorable, eché todo lo que tenía y cruzo la meta: 25'45", media 4'04". Ahora sí, cierro el puño, con rabia. Objetivo conseguido.

Continuará...

sábado, 12 de junio de 2010

Carmona. Gran sabor de boca.

La semana había transcurrido con mucho curro y con entreno justo. Echando horas como un mulo y saliendo a entrenar con cierta desgana, cansado y pensando en el curro del día siguiente.

Con éstas llego al viernes, día de la carrera. Salgo tarde de currar, para variar, almuerzo pasadas las 16h y decido echar una cabezacita, a sabiendas que no me sientan bien, pero necesitaba descansar. Dormí como una hora y me levanté con menos ganas aún de correr. Pero me dije
-Quillo, musiquita.- Eso era lo que me podía sacar de mi "caraja".

Puse el volumen algo fuertecito, lo siento vecinos, a los Arctic Monkeys, geniales en mi opinión. A los 3 segundos de la primera canción ya estaba moviendo un pié, y a los 10 segundos el resto del cuerpo, y al minuto pegando botes preparando la mochila para irme a Carmona. Para no perder el idilio musical me llevé el ipod que enchufé al coche y seguí con el mismo grupo de la puerta de casa hasta que aparqué a escasos metros de la zona de salida.

Aunque hubo un poco de jaleo, obtuve el dorsal con cierta facilidad. En esta ocasión me había inscrito con el nombre de club KPN Groningen, que no existe, pero iba a competir con una camiseta que me regaló un amigo atleta holandés que trabaja para KPN, como la Telefónica holandesa, y tienen un club en la propia empresa. Esta chorradilla hizo que perdiese algo más de tiempo, ya que me puse en la cola de mi apellido para obtener el dorsal, pero sin embargo me debía haber puesto en la cola de los clubs.

Bueno, calenté un poco y estiré antes de irme a línea de salida. Afortunadamente no era una popular de Sevilla y se podía obtener con facilidad una buena posición de salida, aunque para mi no era prioritario, y más viendo que la cosa ya comenzaba con una cuesta importante.

Se dio el tiro de salida y controlé mucho mi ritmo inicial. Bastante atletas me pasaron en los primeros metros, yo seguía a mi rollo. Más o menos fui tranquilo durante el primer kilómetro y medio, ahí pegué un pequeño cambio. Al poco pasamos por meta para terminar así la primera vuelta de 2.360 metros y ahora restaban otros 5 kilómetros, en los que se encontraba la temida subida al Parador Nacional.

Pero antes de llegar ahí teníamos que volver a subir la cuesta de salida, que esta vez subí con más ánimo y así seguí, aunque llevaba en mente la cuesta que todos comentaban.

Pasamos un arco, llamado la Puerta de Sevilla y comenzaba el temido "calvario" que no fue tal. Subí al ritmo de los atletas que llevaba alrededor, sin perder fuelle, incluso pasamos a algunos. Coronamos y nos encontramos con la impresionante vista de La Vega, genial. Correr esta carrera vale la pena simplemente por ésto. Aquí, en este punto, es cuando tenía previsto echar el resto, bajando, siempre se me dio mejor que subir.

Dicho y hecho, aún admirando las vistas cambié el chip y amplié zancada, comenzaba el descenso a tope, pero no a mi tope, sino al que me permitía el piso. Al transcurrir por la zona antigua de Carmona la carretera estaba empedrada y en dos ocasiones mi zapatilla resbaló y sentí cierto "canguelo". Así que reduje el ritmo de descenso hasta que la pendiente se suavizó un poco.

Cuando se empezó a llanear vi que el grupo en el que iba había desaparecido, ya todo era un reguero de atletas sueltos y además cada uno iba por donde podía. Unos por la acera, otros por el empedrado, otros por el adoquinado. Yo opté por ir por la mejor trazada, independientemente de la superficie. Esto hizo que dejara atrás a los atletas más cercanos y que me acercase a los de delante, aunque estaban lejos.

Apenas restaban 2 kilómetros para meta, y me veía con buenas piernas, podía mantener el ritmo, pero no incrementarlo, no estoy rápido. Le iba comiendo distancia al de delante pero dudaba que le cazase, miraba para detrás y veía a un atleta con camiseta roja, andaba lejos.

Pasamos el kilómetro 7, quedan 360 metros, estoy más cerca del delante pero yo no tenía sprint, última curva y miro, vuelvo a vigilar al de atrás, está lejos. La curva es muy cerrada, casi hay que parar y arrancar de cero. Veo la meta y me concentro en ella, entonces a menos de 100 metros escucho la gente aplaudir y animar, giro algo la cabeza y veo que tengo encima al atleta de detás, que venía como un avión. Trato de cambiar y lo hago, pero él ya viene lanzado y cuando yo estoy acelerando ya lo tengo al lado y me sobrepasa, le mantengo pero no le paso y casi alcanzamos al que tenía yo delante en la curva. Cruzamos la meta y felicito al chaval por su velocidad y por su sigilo, no le escuché hasta que lo tuve encima.

Aún sin resuello me dan el ticket de Ideain, 30'05", media 4'05", me sorprendo bastante y me alegro. No sólo supone una mejora en la media con respecto a mi carrera anterior en Distrito Sur, aunque esa fuera más larga y calurosa, sino especialmente por la dificultad del terreno. Nunca se me dieron bien las cuestas, y esta carrera las tenía y muchas, así que estoy muy satisfecho de la marca.

De hecho ahora me planteo si alargar un poco más y competir el viernes en el PISA, otra carrera tobogán, aunque de 6.500 metros, o bien desconectar un poco. Tengo que pensarlo.

lunes, 7 de junio de 2010

Por la Ruta del Agua "al fresco"

7:15 Suena el despertador.

7:20 Me peino, me visto y me jalo una barrita de muesli.

7:30 Saco a pasear a Greta, nuestra galga.

7:45 Vuelvo a casa y comienzo a preparar la mochila, a sabiendas de que olvidaré algo, en este caso las gafas de sol.

8:15 Con algo de retraso me monto en el coche y tiro para Guillena.

8:45 Llego a la entrada del tramo restringido de la Ruta del Agua, me cambio y comienzo el calentamiento.

9:00 Breves estiramientos y a patear.

El día apareció algo nublado y la verdad es que la temperatura era muy agradable, incluso tuve que cerrar las ventanillas cuando iba en el coche por el fresquete.

El entrenamiento transcurrió como esperaba, sólo con la novedad de que se me cruzaron varios conejos, se ve que también les gustaba salir por la mañana para evitar el calorcito, además de ver numerosos ciclistas. Como no tenía muchas referencias de distancias decidí llegar hasta el mismo punto donde mi hermano y yo dimos la vuelta la última vez que aparecimos por la Ruta del Agua. Di la vuelta cuando el crono marcaba 31'24".


Poco antes ya habían desaparecido las nubes y el sol comenzaba a calentar, y se notaba, vaya que si se notaba. Sobretodo te dabas cuenta cuando venía algún tramo a la sombra, el cambio de temperatura era palpable. Ya no usaba las cuestas abajo para recuperar, sino esos pequeños oasis a la sobra para respirar profundo y soltar algo de piernas.

Veía que se me empezaba a hacer aquello largo, y calculaba que me quedaban poco más de 5 minutos para llegar al punto de partida. El ritmo no era exigente pero andaba agobiado. Probé, sin embargo, a tirar un poco y sorprendentemente me sentí a gusto. El cuerpo respondió y la última parte la hice notablemente más rápido (sin ir como un avión). Sin duda iba algo enganchado y aquello me sirvió para salir del bloqueo.

El tramo de vuelta lo hice en 30'43", tiempo total 1:02:07, cinco segundos más lentos que la vez anterior, vamos precisión alemana, jeje.


Durante esa hora tuve bastante tiempo para pensar y decidí, tras muchas vueltas y revueltas, cuestas arriba y cuestas abajo, que hasta septiembre (aprox) iba a comenzar a tomármelo muuucho más tranquilo. Salir 2 o 3 veces por semana a rodar tranquilo, sin objetivos, incluso parar totalmente un par de semanas, y ya en septiembre volver a planificar y marcar alguna meta.

Muy probablemente sea Carmona mi última competición de la temporada, el próximo viernes.

lunes, 31 de mayo de 2010

Carrera D.Sur 2010. Toca sufrir.


Nueva carrera y nuevo pasito adelante, algo pequeñito, pero adelante, algo chiquitito, pero positivo. En esta ocasión afronté la carrera en solitario. Mi hermano llevaba casi 2 semanas sin entrenar y decidió no comparecer y no localicé a Ángel antes de salida, así que el escenario era distinto al habitual


Por mi parte las dos últimas semanas tampoco habían sido buenas a lo que entrenamiento se refiere. Salí poco y sin hacer otra cosa que no fuese rodar, así que no esperaba una gran mejora con respecto a la carrera anterior, de haberla.


Otros factores a tener en cuenta fueron la temperatura, se notaba bastante más calorcito y también que iba “estrenando” zapatillas. Obviamente no era la primera vez que las usaba, pero sí era su primera competición. Creo que me precipité y al final de la carrera sentí molestias en los arcos de ambos pies. Más adelante detallaré.


Bueno me situé pronto en el cajón de salida. Había calentado un poco y ya estaba sudando como un pollo, así que decidí estirar ya en la salida y esperar el pistoletazo, no iba a gastar más energía. En este momento se produjeron varios hechos, que creo son absurdos y que se ven en todas las carreras, pero que no entiendo muy bien. Por un lado los típicos atletas con ritmo bajo, (muy bajo) que se pelean para estar en primera fila. Sí, sé que pasa en todas las carreras, y que todos tenemos el derecho a salir donde queramos y lo mejor colocados posibles, pero estoy seguro que dichos atletas recibirán, empujones y golpes durante el primer kilómetro, incluso improperios. En concreto, hablando del ejemplo de ayer, una señora que calculo tendría más de 45 años, estuvo empujando un buen rato hasta que consiguió llegar a primera línea. Pensé, -donde irá-. Tras la llegada de los atletas que siguen calentando hasta el último suspiro delante de la barrera para colocarse en primera línea, pues esta mujer terminaría en 3ª fila, y yo estaría en 5ª o 6ª fila. Se da la salida y tras 2 zancadas ya la tengo encima. Un atleta que va delante se la encuentra, la pasa por la derecha poniéndole la mano en el hombro y desplazándola hacia la izquierda para no tragársela. Ello hace que la mujer se venga hacia a mí y tenga que pagar un saltito para no tropezar con ella. Estoy seguro de que ese no sería el último empujón que recibiría en el primer kilómetro esta buena mujer.


Por otra parte, sí estoy en plan quejica-reivindicativo, me parece vergonzoso esos atletas que salen fuera del cajón. Juegan con ventaja, por no decir de los caraduras que salían directamente de los matorrales, cual alimañas, 50 o 100 metros por delante de la salida. ¿A qué juegan? ¿A engañarse a si mismos? Después dirán que la carrera está mal medida y que los puntos kilométricos no están en su sitio (que no lo están, aunque en esta carrera no estaban tan mal, creo).


Posibles soluciones a este hecho, pues desde mi experiencia internacional, jeje, estuve 5 meses de Erasmus en Holanda y corrí algunas carreras por allí, sería esencial el uso del chip. Allí era algo que había en todas las carreras. Si no recuerdo mal pagabas de 3 a 5€ por el alquiler del chip, que debías devolver al terminar la carrera (la pasta no te la devolvían). Si no lo devolvías te quitaban el importe total del chip (25-30€) de tu cuenta corriente, que era una de los datos que dabas en la inscripción, como para escaparse. Obviamente estaba la opción económica: comprar el chip, por lo que pagando de 25 a 30 € el chip era tuyo y lo podías usar en todas las competiciones dando la referencia de tu chip. La gran mayoría de atletas tenían su propio chip.


Esto hace que, todas salgan del cajón, que tu marca sea precisa ya que quedará registrado cuando tu chip pisa la alfombra de salida y cuando pisas la alfombra de llegada. Y además se pueden instalar controles sorpresa para evitar a los avispados. Como ya digo, en Holanda todas las carreras usaban el chip.


Y también para evitar los empujones y las quejas de los rápidos que se encuentran a los lentos en las primeras filas, y a los lentos que no tienen porqué salir detrás, la opción que se me ocurre es, junto con el chip, crear cajones de salida por marcas.


Yo sólo lo he vivido en mis carnes una sola vez, en Holanda, claro. En función de la marca que acreditabas te daban el dorsal con un color u otro, lo que te daba derecho a entrar en un grupo o en otro. Una persona, voluntario, te daba el acceso al cajón adecuado. A modo de ejemplo: Corredores que bajen de 4’ el kilómetro, y por otro lado el resto. Por simplificar, se podrían hacer más grupo, de hecho los había. Además allí existía una diferencia de 2 minutos desde que salía el primer cajón hasta que salía el segundo cajón. Obviamente tu tiempo final venía reflejado por el chip. Algún día hablaré de dicha carrera en particular.


Imagino que esto segundo es más complejo de gestionar por el IDI, pero lo del chip me parece algo fundamental, sinceramente.


Volvamos a la carrera, que sólo os he contado que “salté a una atleta”. Como entré pronto en el cajón, pues me situé mejor que en eventos anteriores, ello hizo que pudiese alcanzar mi ritmo antes. El primer kilómetro lo hice en 4’20”. A partir de este punto me planteé: vas un pelín rápido, tómatelo tranquilo y vamos de menos a más, o bien sigue así y ya veremos si subimos, bajamos o entramos haciendo el pino.


Estuve dudando un tiempo, incluso busqué alguna cara conocida alrededor, algún compañero de batalla, pero no lo encontré. Estuve con un grupo unos 500m, pero pronto sentí que podía ir más rápido. Desde este punto, aunque iba picando los kilómetros, iba por sensaciones.


Sabía que estaba arriesgando, arriesgando para como venía compitiendo, pero era la última popular y había que exprimirse un poco, ¿no?. Parecía que me había levantando con ganas de sufrir. Los kilómetros iban pasando y la sensación de que iba un poquito por encima de lo adecuado siempre estaba presente, pero sin embargo no sentía alarma ninguna.


Poco más que contar hasta llegar al kilómetro 7. En este punto decidí subir un poco, a ver qué decía el cuerpo. Este pequeño incremento de ritmo, unido a la llegada a la Palmera (me trae fatales recuerdos de mi primera maratón, 2005, en la Palmera fue donde peté y comenzó mi calvario, más calvario diría yo), me hizo ver que llegaba el momento de pasarlo mal. Ya había hecho la apuesta de subir el ritmo, casi nada, la verdad, y el cuerpo me comenzaba a dar malas sensaciones, pero quedaba poco, de perdidos al río. Mantuve mi apuesta y pronto sentí el agobio, pero ya había pasado el k8, y no paraba de decirme –así hasta el final, no tires.


Creo que conseguí el objetivo, mantuve el ritmo o si bajé fue 1 o 2 segundo por kilómetros, que quedó compensando con el arreón final ya dentro del parque. Cuando ya estaba en el circuito interior simplemente abrí algo de piernas, lo que hizo que el ritmo se incrementase algo, muy poco, pero lo suficiente para que nadie me pasara y yo tampoco pasé a nadie. En la recta final no me encontraba con fuerzas para esprintar y eché un vistazo para atrás y tampoco tenía a nadie cerca. Así que terminé a ritmo de crucero con una marca de 40’53”. Atendiendo a algunos GPS la distancia de carrera fue de 9.780 m, lo que saca una media de 4’11”.


Como veréis es una media calcada a la de la carrera anterior, pero creo que hay varios factores que le dan más valor. Por un lado la temperatura, que creo que fue notablemente superior a la vivida en Triana, y por otro lado mis nuevas zapatillas, que sacando a relucir su control de pronación y me crearon dos ampollas, una en cada pie, que imagino aparecieron en los 2 últimos kilómetros, cuando ya iba tocado del ala y mi pisada se volvería más pronadora. Ya había probado las zapatillas en distancia similares varias veces, pero nunca las había probado estando yo “reventado” y corriendo “mal”. De todo se aprende, son mis primeras zapas para pronadores.


Lo que si me plantea la carrera es una duda. Si hubiese salido a ritmo más tranquilo, con la intención de ir de menos a más, como en carreras anteriores, ¿me hubiese salido una marca similar a la obtenida con la estrategia de ir a ritmo “elevado” desde el principio con el consiguiente sufrimiento extra?


Creo que voy a seguir con esta duda un tiempo, y no la solucionaré. Y la otra incógnita es qué hacer a partir de ahora. Se han acabado las populares, y aprieta el calor. ¿Seguir compitiendo alguna prueba más? ¿Bajar el ritmo de entrenos o la cantidad de los mismos? Tengo cosas en las que pensar y creo que replantear objetivos. Ahora mismo estoy en un punto que no me había imaginado cuando decidí volver en Noviembre. Estoy mucho mejor, más delgadito de lo esperado y compitiendo muy bien. ¿Ahora hay que pensar en si sigo así, o me exijo más, con lo que ello conlleva, y si tiene algún sentido?


Continuará